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domingo, 15 de octubre de 2017

Seguimos activos en Otoño

Espero que hayáis disfrutado de un verano estupendo. Como sabéis sigo activa y publicando en el blog de mi página web, Spiral Áurea. 

Y quiero compartir las entradas que he escrito durante los meses de agosto y septiembre.

Ya estamos en otoño, época para disfrutar de la luz dorada del sol, de los colores ocres y rojizos que nos regala la naturaleza; y también, para regalarnos momentos para la reflexión y el recogimiento. 

La vida es avanzar, crecer y evolucionar. Todo camino comienza por dar un paso y luego el siguiente. En esta entrada del mes de agosto hablo sobre el camino evolutivo y mirar hacia el interior de uno mismo.

Siempre es aconsejable prestar atención a quiénes somos y cómo fluimos, ser observadores de nuestra propia de nuestra propia vida. Es un gran apoyo en nuestro crecimiento personal y evolutivo. Esta entrada es de septiembre.

Además presentación del curso de Tarot que se iniciará en noviembre. Tenemos a nuestro alcance muchas técnicas para conocernos más y mejor, para aprender a fluir, a trabajar con la intuición y conectar con uno mismo. Una de estas herramientas, es el tarot.

Y también en noviembre, dará comienzo un curso de Canalización, en el que aprenderemos a trabajar con la energía, tanto con la propia como con la de los demás, a escuchar a nuestra voz interior, a observar y percibir.
 
Tan sólo me queda recordar que en Spiral Áurea seguimos tratando y hablando de los mismos temas: de la vida, la muerte, el duelo de los seres queridos, la muerte y duelo de las mascotas, la comunicación con los seres queridos, las señales y mensajes que recibimos, los sueños, información sobre los cursos y talleres que daré, etc.

Si os apetece que se trate algún tema en concreto, si queréis compartir vuestras sugerencia o dudas podéis hacerlo en el nuevo blog; y también, escribiendo a través de info@spiralaurea.com.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

jueves, 6 de octubre de 2016

Reflexiones de otoño

Hace una semana entramos en una nueva estación, la de otoño en el hemisferio norte y primavera en el hemisferio sur.

Todas las estaciones tienen su encanto, son especiales. Cada una de ellas tiene su energía, luz y color. 

Me encanta la luz del sol en esta época, tiñe de color dorado todo lo que toca, consiguiendo que se mezclen los destellos rojizos, ocres, dorados, amarillos y verdes de las hojas de los árboles.

Es una época que invita al recogimiento, a la reflexión, a mirar hacia dentro, al interior. Sólo con observar la naturaleza vemos cómo va cambiando, transformándose. De la frescura y verdor de la primavera pasamos al dorado, a la caída de las hojas.

La energía del otoño, me resulta acogedora, tan dorada, luminosa, llena de color y de matices. No tiene la fuerza impetuosa de la primavera, sin embargo, tiene la calidez que da el paso del tiempo, de la madurez.

Me gusta adaptar la energía de cada estación a mi vida, uniéndome así a los ciclos de la naturaleza. El otoño, es una época que aparentemente tiene un ritmo más lento. Me lleva a profundizar con mayor detenimiento en qué momento me encuentro, invitándome a reflexionar sobre mis planes, ideas y proyectos; qué debo trabajar, madurar, soltar, eliminar, pulir, mejorar.

Si tenéis la oportunidad de ir a un bosque, estar en un jardín, os animo a que meditéis junto a un árbol, observando su transformación, viendo cómo el perder las hojas da lugar a que nazcan nuevos brotes, donde la pérdida se convierte en vida y crecimiento. 

Nosotros experimentamos lo mismo, las pérdidas, rupturas y crisis, son oportunidades para poder revisar nuestros cimientos, nuestros pensamientos, creencias, ideas, sentimientos, ayudándonos a tener una nueva visión sobre nosotros mismos. Podemos ser más fuertes, crecer y evolucionar, para ello podemos soltar todo aquello que lastra, entorpece, debilita. Podemos ser como las hojas de los árboles, donde su caída da paso a una nueva vida


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 2 de agosto de 2016

¿Vacaciones o estrés?

Acabamos de comenzar el mes vacacional por excelencia. No todos tenemos vacaciones. Y si, algunos seguimos trabajando.

Esta tarde, mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde, una pareja conversaba sobre las vacaciones. Uno de ellos, decía no saber qué iba a hacer con tanto tiempo libre. Quería tenerlo todo tan planificado, que se estaba estresando.

Sus palabras me han hecho reflexionar. ¿Qué pasa con "il dolce far niente"?. Los italianos lo resumen muy bien, lo dulce de no hacer nada, el disfrute de no hacer nada. Una manera muy poética de decir, eres libre de hacer o no hacer, no hay obligaciones, disfruta de tu tiempo como desees.

En teoría, las vacaciones son para desconectar, para aprovechar el tiempo. Tal vez no haciendo nada especial o para ocuparnos de aquello que no podemos hacer durante el resto del año. Si comienzo a estresarme por querer tener todo controlado, ¿dónde queda el beneficio de la desconexión? Quizá sea el reflejo del ritmo tan acelerado que vivimos durante el resto del año.

Indudablemente, cada uno es un mundo y elige disfrutar de su tiempo libre de la manera más adecuada y positiva.

En mi caso, sigo disfrutando del verano, de la ciudad, de los encuentros y reencuentros...

La felicidad también se encuentra en los pequeños detalles y por qué no, en cambiar algunas rutinas o hábitos.

Mis pequeños retos y placeres para este verano:
  • Tomar un helado de diferentes sabores a los que estoy acostumbrada. Hay vida más allá del helado de tiramisú y limón.
  • Una escapada a un pueblo de la costa o del interior de Guipúzcoa.
  • No me gustan las aglomeraciones, pero un día es un día. Salir al mediodía a tomar un pincho a la Parte Vieja, es todo en reto.
  • Acudir a un concierto de la Quincena Musical. Será un triunfo si encuentro entradas para el ciclo de Música antigua.
  • ......

¿Cuáles son tus retos y tus placeres? Si quieres compartirlos, adelante.


Imagen tomada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 29 de marzo de 2016

El amor es ...

Lanzo unas preguntas al aire:

¿el control sobre una situación o persona, hace que seamos más felices?, ¿se puede llamar amor al control?, ¿qué lleva a disfrazar de amor, el querer que los demás hagan lo que deseamos?, ¿dónde queda el respeto y la libertad ante las acciones, las opiniones y los sentimientos?, acaso amar, ¿es hacer que los demás dependan de nosotros?.

Qué opináis, ¿el amor es control y apego?, o ¿es dejar que el  ser amado elija dónde, cuándo, cómo, de qué manera y con quién quiere estar o hacer en la vida, aun sabiendo que no pensamos de la misma manera? A veces. los puntos de vista no son siempre los mismos, ni tenemos enfoques y posturas iguales ante las mismas realidades; aunque todos son válidos, y eso es enriquecedor.

El amor es generosidad, respeto, libertad y compromiso mutuo. El amor es entrega, apoyo e impulso. El amor es refugio, pilar, comunicación. El amor es aprendizaje, evolución y crecimiento personal. El amor es compartir lo que soy, lo que somos. El amor, es convivir con otras ideas, pensamientos distintos a los nuestros. El amor es tolerancia y paciencia.

El amor es un abrazo cuando estás alegre o triste, es una mano amiga, es "estoy aquí de corazón".

El amor no es dependencia. Es correspondencia, es complicidad, es compañía mientras se recorre el camino de la vida.

El amor es dejar ir aunque duela, ya sea a los seres vivos como a los muertos, porque sabes, que lo que necesitan para seguir su avance y aprendizaje; porque sabes, que es necesario para seguir tu propia evolución; porque sabes, que aunque les extrañes y les eches de menos, están bien dónde están.

El amor es amarnos siempre, ser fieles a nosotros mismos; es saber poner límites a lo que o a quiénes nos hacen daño. El amor es decir no, al chantaje emocional, a la humillación, a los reproches vacíos y destructivos, a los miedos de los demás, a la vulnerabilidad que se esconde cuando intentan hacernos creer que amar es sufrimiento y posesión.

El amor es dar y recibir, es valorar lo que tenemos y deseamos; es, lo que nos hace volar y ser nosotros mismos. Todo aquello que obstaculice nuestro camino a ser plenamente nosotros mismos, no es amor.

Y el amor, comienza en nosotros. No podemos dar, ni compartir, si no tenemos, si no somos, si estamos vacíos. Porque tú, porque nosotros, somos amor.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor. 

viernes, 31 de julio de 2015

Cruce de caminos

Vivimos en ciudades y poblaciones cada vez más impersonales; aunque siempre hay maravillosas excepciones en las que los habitantes de un lugar no sólo se conocen, sino que también se apoyan.

En las ciudades grandes buscamos ser o pasar inadvertidos, menos para nuestro pequeño grupo de familia, amistades y allegados. Nos cruzamos por la calle con seres que aunque desconocidos, dejan de serlo para convertirse en habituales por coincidir con ellos todos los días, ya sea cuando compramos el pan, cogemos el autobús, vamos a la universidad, al trabajo, al supermercado, paseamos, caminamos.

Pasa un poco lo mismo en las casas que habitamos. Si llevamos tiempo viviendo en ellas, podemos conocer a los vecinos, buscar ayuda, apoyarnos. Los nuevos residentes que van incorporándose a la vecindad, unos pasarán de largo, mientras que otros se irán adaptando a la comunidad participando en ella.

Mi habitación da a un patio de luces, en el que se juntan dos portales y comunidades distintas. Tiene ritmo, velocidad incluso un lenguaje multicolor propio, se pueden escuchan distintos idiomas en voces de diferentes edades.

Muchas veces no hace falta mirar el reloj para saber qué hora es. Olores que indican que ha llegado el momento de comer y cenar, niños que lloran porque tienen sueño, llamadas de teléfono para saber cómo están sus seres queridos y la familia. Sabes quién está colgando la ropa porque la rueda del tendedero chirría por falta de aceite, despertadores que suenan a mitad de la tarde, lavadoras que centrifugan y vibran haciendo palidecer a un huracán, etc. Son actos cotidianos realizados por seres desconocidos y a la vez, vecinos de patio.

Este sonido propio del patio, adquiere otra dimensión cuando en algún piso están haciendo obras. El repiqueto del rotaflex convive con el resto de la actividad diaria. Alguna vez, me he dado cuenta que sabía de memoria la canción de moda porque sonaba en una radio o alguien estaba cantándola. 

Esta semana pasada faltaba algo, no escuchaba hablar a una persona, que sin darme cuenta se había convertido en parte de mi banda sonora diaria. No oía la voz dulce de una mujer preguntar: "Ana ¿estás bien?", "Ana ¿cómo te encuentras?".

Dos días después, me enteré de que Ana, había muerto mientras dormía. Tenía 94 años y padecía alzheimer. Nunca estaba sola, siempre estuvo bien atendida y cuidada por su familia a cualquier hora del día. Era una mujer menuda de cara sonriente y muy dulce. Creo que coincidí tres veces con ella en el ascensor.

Su vida formaba parte de la del patio y por ello, un poco de la mía. Mientras sentía su ausencia y el silencio dejando por sus cuidadores; desde otra casa, que están reformando, un obrero, cantaba en un idoma desconocido para mi, era contagiosa su alegría. Sonreí. Pensé en Ana. Sentí que estaba contenta.

La vida sigue. Dejamos nuestra huella a pesar de ser desconocidos, permanecemos unidos aún queriendo pasar desapercibidos. Si cerramos los ojos y abrimos el corazón sentiremos los lazos invisibles que nos acercan más que alejan.


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viernes, 15 de mayo de 2015

Date tiempo

La vida es muchas veces una carrera de obstáculos, de barreras y trabas. 

Afortunadamente, también vivimos momentos de felicidad, de armonía y plenitud.

Es en momentos de crisis, rupturas, enfermedades, muertes de seres queridos, cuando sentimos que nuestro mundo entra en shock, todo se para y bloquea; incluso, podemos experimentar vértigo a todo lo que nos rodea, a lo cotidiano, que a su vez, lleva a vivir un gran vacío interior.
 
Por todo ello:

Date tiempo para sentir.
Date tiempo para pensar, reflexionar.
Date tiempo para ubicarte, encontrarte.
Date tiempo para vivir lo nuevo.
Date tiempo para estar en silencio.
Date tiempo para tener tu propio ritmo diario.
Date tiempo para integrar y asumir los nuevos cambios en tu vida.
Date tiempo para que las heridas sanen.
Date tiempo para llorar, gritar, expresar lo que hay en tu interior.

Date tiempo para mirarte en el espejo y ver quién eres.
Date tiempo para reencontrarte contigo mismo.
Date tiempo para olvidar.
Date tiempo para desapegarte del sufrimiento baldío, de la rabia, la ansiedad y la angustia.

Tómate tiempo para reír. Y si después lloras, no importa. 
No te juzgues, ni critiques.
Date tiempo cuando las cicatrices vuelven a doler sin previo aviso.
Perdónate, no te culpabilices. 
Date tiempo y actúa, ponte en marcha.

Da tiempo a los demás, no todos reaccionamos, integramos y evolucionamos de la misma manera.
Las comparaciones son odiosas y no aportan nada positivo.

Date tiempo para soñar.
Date tiempo para confiar y tener seguridad.
Date tiempo para crear.

Date tiempo para respirar.
Date tiempo para mimarte.
Date tiempo para amarte.
Date tiempo para cuidarte.
Date tiempo para ser tú.

Sólo tú, tienes la llave que abre la puerta que conduce a tu felicidad. No podemos elegir qué experiencias vamos a vivir; en cambio, podemos decidir cómo vivirlas. Somos los únicos responsables de nuestra vida.


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martes, 10 de febrero de 2015

Somos Amor: el despertar de la conciencia

Estamos en invierno, casi en la mitad del crudo y frío invierno. Estamos viviendo una etapa de transición, un cambio de ciclo, que lleva a un despertar mayor de conciencia. Todo ello requiere una preparación, que ya se inició hace unos cuantos años.

Como almas que somos, hemos venido a vivir este despertar, a saborear y ampliar la conciencia. Hemos elegido vivir estos acontecimientos, que suponen un aprendizaje personal y a la vez, la unión hace la fuerza, juntos, ayudamos a elevar la conciencia de la tierra.

El despertar de la conciencia supone ver y vivir la vida con un enfoque nuevo. Podría ser parecido a cuando nos ponen gafas graduadas, pasamos de tener una visión borrosa a poder ver con nitidez. Esto es aplicable a todos los aspectos de la vida, va desde el yo y llega al todo.

Iremos dándonos cuenta de ello, cada día, de una manera muy suave y sutil. Un día encontraremos la respuesta a un problema o un bloqueo que parecía imposible de ser solucionado,  y diremos, ¿cómo no lo había visto hasta ahora? si está clarísimo. 

Mientras vivimos este proceso, es necesario una introspección, mirar hacia dentro siendo espectadores de nosotros mismos, de manera objetiva, sin tomar partido. Si estamos atentos, podremos ir investigando, averiguando quiénes somos, hacia dónde vamos, dónde estamos y cuáles son nuestras metas. Como no siempre lo estamos, la vida ayuda facilitándonos tiempo, nos frena a través de enfermedades, bloqueos, rupturas, crisis, dolor. Podemos encontrar la salida, observando qué se esconde detrás de todo ello, qué debemos aprender, qué debemos solucionar. 

Es un trabajo individual. Podemos decidir no hacer nada, esperar, actuar, observar, investigar, trabajar. Todo es válido. Al serlo, no debemos compararnos con los demás. Cada uno vivirá las experiencias que deba, y experimentará lo que es necesario para su avance, crecimiento y despertar.

Podemos acompañar, podemos guiar y orientar, pero el trabajo es personal. Tenemos a nuestro alcance técnicas que puede ayudarnos a reencontrarnos con nosotros mismos. Podemos meditar, hacer yoga, trabajar con reiki u otra técnica energética, podemos pasear por la naturaleza, estar en silencio, etc.  

Fluyamos, vamos a dejarnos llevar por la vida, viviendo, experimentando, aprendiendo a ser nosotros, a ser yo, a conectar con la esencia de cada uno, donde reside el amor, donde está la luz y la fuerza para superar las adversidades y obstáculos. Vamos a amarnos, a reencontrarnos.

Vamos a recordarnos que somos plenos, que nos complementamos, que somos totalidad, que somos Amor.


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domingo, 12 de octubre de 2014

Vacío, desubicación, limpieza y liberación

2.014 está siendo un año bastante complicado a nivel energético. Después de un verano en el que las energías han estado aparentemente calmadas, hemos entrado en otoño y con él, en una montaña rusa que viaja por acantilados afilados y a una velocidad de vértigo.

Son varias las personas que me han comentado a lo largo de todo el verano, que se sentían desubicadas, vacías, raras; usaré la expresión de una de ellas, "estar pero no estando".

Podía comprenderles porque también me he sentido de la misma manera. Sentía que estaba a la espera, que iban a llegar cambios, pero desconocía de qué se trataba. Solía comentar que me sentía como una brújula en la que la aguja se había vuelto loca y giraba sin parar, señalando todas las direcciones. De alguna manera, todo era válido, todo marcaba el norte. Se trataba de seguir yendo hacia adelante aunque desconociendo hacía dónde.

Recuerdo ir a pasear por los lugares a los que considero "mis refugios", en los que me cargo de energía, e indudablemente son muy especiales para mi, y no sentir su poder. Ya no me cargaba. Podía contemplar la belleza del paisaje, pero no conectaba con su fuerza. Estaba sorprendida. Visité todos los puntos que son mágicos para mi, y en todos obtuve el mismo resultado. Algo había cambiado.

"Estar pero no estando", refleja bien como me sentía. Estaba, sentía, vivía pero no de la misma manera; me sentía desubicada, como si un día al levantarme, lo hubiera hecho en una ciudad distinta, aunque fuera la misma de siempre. 

Los días se volvieron lentos y pausados. Sin embargo, volviendo la vista atrás, siento que ha pasado mucho tiempo desde entonces, parecen años, aunque en realidad, sólo son unos meses e incluso quincenas.

Y de repente, llega octubre. Entramos en la energía del equinoccio, que viene acompañado por una luna llena y varios eclipses. Todo ello, marcado con una energía de limpieza y renovación. Pero no cualquiera, sino una limpieza a todos los niveles de cirujano, profunda e íntima, que lleva a las profundidades y a los lugares, en que subyacen las emociones, sentimientos, pensamientos o dolores más antiguos.

En mi caso, ha sido emocional, un viaje a heridas muy lejanas que pensaba superadas. La primera reacción, fue la de sorpresa porque lo consideraba cerrado y concluido; la segunda, la de ponerme el mono de trabajo y lidiar con ella, desde la comprensión, superando la tristeza a través del amor incondicional, a los demás y a mi misma. Prueba superada. No renuncié a vivir las emociones, ya fueran la tristeza, la pena, ... pero no me he dejé atrapar por ellas. Eso fue lo mejor, lo que me ayudó a darle la vuelta a la situación; además como regalo, me trajo paz, y sitio para lo nuevo que llegue a mi vida.

Otras personas de mi entorno, lo han vivido de otra manera, rebrotes de enfermedades que creían haber sido curadas, miedos y preocupaciones que han aparecido para decirles adiós, problemas familiares, disputas y luchas en el trabajo, amistades, etc. En definitiva, limpieza a fondo, en la que toca implicarse totalmente con nosotros, si queremos resolverlo.

Octubre con toda su energía está dándonos la oportunidad de poner en orden nuestra vida. Lo hace desde una nueva perspectiva, la de la liberación. Adiós los antiguos esquemas y patrones de pensamiento, modos de vivir la vida, a los miedos, preocupaciones y temores, a todo lo que nos lastra y no resuelve nada. Tenemos que enfrentarnos a ellos, y descubrir que somos más fuertes, más firmes, que tenemos más confianza y seguridad en nosotros mismos. Es una prueba, que a la vez, es un aprendizaje y un recordatorio de quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. 

La vida nos recoloca de nuevo, señalando el norte de nuestro camino. Ahora la brújula funciona correctamente, aunque sigamos sin saber hacia dónde nos lleva, con la seguridad de que será a puerto seguro.

Depende de nosotros elegir el norte u otra dirección; o lo que es lo mismo, reconocernos y saber qué deseamos hacer. También, podemos elegir, quedarnos parados, estancados, sufriendo, viviendo y reviviendo las pruebas a modo de bucle, hasta que las superemos. La primera opción, será como quitarse una tirita, duele pero pasa rápido; la segunda, es parecido a tener una herida abierta y echarle sal encima a diario.

La vida es estupenda, está llena de sorpresas. La superación de las pruebas, ayuda a conectar con nuestra esencia, con nuestro yo; quitamos capas que nos impiden ver correctamente. 2.014, nos lleva de la mano por esta ruta, la de reconocer quiénes somos y actuar siendo un todo. Las pruebas son parte de este camino. El aprendizaje, conlleva más paz, calma, y aprender a distanciarse de los problemas. Vivirlos, sí; involucrarse, mimetizarnos con ellos de tal manera que dejemos de ser nosotros, no. La primera es liberadora; la segunda, victimista. Las dos son válidas pues forman parte de nuestro aprendizaje.

Todavía quedan meses que para termine el año, y quedarán muchas pruebas que deberemos superar. Sólo tenemos que recordar que somos capaces de lograrlo, aunque parezca imposible. Tenemos la clave para conseguirlo, busquemos en nuestro interior, en nosotros y ahí la hallaremos. Reside en nuestro corazón.


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jueves, 18 de septiembre de 2014

Qué significa, ser fuerte ante la vida

Estando hace unos días charlando con unas conocidas, surgió a lo largo de la conversación un tema importante, el significado de ser fuerte. Una de las personas, se quedó viuda siendo joven; y otra, ha superado un cáncer de mama muy complicado.

Las dos coincidían en que cuando estaban atravesando por momentos críticos de su situación, ya fuera tras la muerte de su pareja y en plena asimilación del cáncer, las personas de su entorno y la gente que se acercaba a ellas, todos con muy buena intención, les decían que tuvieran  ánimo y fueran fuertes.

Comentaban que en esos momentos tan duros y difíciles, lo que menos querían escuchar eran esas dos palabras. Preferían un abrazo fuerte, sentirse acompañadas aunque fuera en silencio, inclusive hablar de tonterías; todo, menos oír: ánimo y se fuerte.

Me lanzaron un reto, una pregunta :¿Qué significa para ti, ser fuerte?. 

Cada uno de nosotros interpretamos y tenemos una visión de lo que significa ser fuerte, que a veces coincide con la que tienen el resto de las personas.

Para mi, ser fuerte significa:

- ser valiente, asumir y aceptar lo que somos y estamos viviendo. 
- ser camaleones y adaptarnos con una sonrisa al día día, a pesar de que no siempre las circunstancias que nos rodean sean las más fáciles de vivir y llevar.
- caerse y levantarse de nuevo ante la dureza y dificultad de las pruebas de la vida. Dando igual las veces que sean.
- llorar, sentir rabia, desahogarse, respirar hondo y mirar hacia delante con la cabeza bien alta.
- enfrentarse a la vida, sin saber hacia dónde vamos, sin tener un rumbo fijo, con esperanza,  sabiendo que existe luz al final del túnel.
- confiar en uno mismo, aunque a veces cueste.
- escucharse, mirar hacia dentro, descubrir que no somos perfectos y querernos.
- sentir el vacío y el silencio, vivir con ello, haciéndolo nuestro, aún sabiendo que puede ser temporal o no.
- darse cuenta que podemos ser vulnerables, débiles o frágiles en según qué momentos de la vida y pedir ayuda.
- hacer público, si nos apetece, lo que nos ocurre y sentimos; no escondiéndonos de nadie, ni de nada.
- no ocultar, ni hacer alarde de las cicatrices que han ido dejando huella las heridas emocionales, simplemente son parte de nosotros, son nosotros.
- saber que a veces la vida es como un tobogán, divertida, vertiginosa, rápida, con momentos de espera y paciencia; y tomarla como un juego serio.
- reírse de uno mismo, de lo bueno y de lo malo. Ni somos tan buenos, ni tan malos. Somos un término medio, en el que por suerte, acertamos mucho más y fallamos mucho menos de lo que creemos.
- valorar lo que somos y tenemos.
- reconocer cuándo es el momento de descansar, de tirar la toalla, de luchar y de avanzar, aunque para ello hayamos necesitado toda una vida.
- poner límites a lo que nos hace daño, ya sean situaciones, personas, pensamientos, actitudes...

Ser fuerte, es asumir nuestra fragilidad, y a la vez, descubrir que hay un deseo, una energía interior que nos lleva de la mano, impulsándonos hacia arriba, aunque a veces no queramos que sea así. Asumiendo que la lucha interior, puede ser feroz, liberadora, y nos puede anclar a la vida, básico para seguir creciendo.

Ser fuerte, es amarse tal y como somos, trabajando lo que no nos gusta de nosotros y potenciando los dones que tenemos. En definitiva, estando dispuestos a aprender, a avanzar y evolucionar.


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lunes, 17 de marzo de 2014

La primavera en el corazón

Esta semana entramos en una nueva estación. Llega la primavera, con su estallido de color, de aromas, de brotes, de esperanza, de rejuvenecimiento y trae un mensaje muy especial, el del resurgir. Tenemos la capacidad del ave fénix, la de renacer de nuestras cenizas.

La vida es un camino lleno de baches, autopistas, atajos, puentes, áreas de descanso, caídas en descenso, tirolinas, juegos, dolor, diversión, sufrimiento, alegrías. Todo ello, ayuda a que moldeemos quiénes somos, a que sepamos cómo enfrentarnos a las dificultades o alegrías del día a día. Es un impulso hacia adelante, es una llamada a no estancarnos y a observar y averiguar quiénes somos.

Tras la muerte de un ser querido, todo cambia. En algunos casos, especialmente en los que la muerte, es la de una persona enferma, tenemos más tiempo para asumir e integrar su marcha; en cambio, cuando la muerte es instantánea, desaparece la oportunidad de hacer el duelo en vida, y siendo el duelo un proceso más complicado y difícil.

Al igual que la primevera, regala el frescor, los brotes verdes, el color, también, enseña, que tras el otoño de hojas caídas y mustias, de pérdidas y del invierno de reposo y a veces helador, al final, llega el momento en que florecen los frutos. Podríamos resumirlo diciendo que son ciclos: muerte, tiempo para la calma y para que la semilla tenga la fuerza suficiente para germinar y al llegar a la primavera, muestre sus frutos.

La muerte, tiene el poder de cambiar y transformar, e incluso, transmutar. No nos deja indiferentes, nos obliga a actuar, a posicionarnos ante la nueva situación. Cada uno a su ritmo y manera. Asumir la muerte muchas veces no resulta fácil. Los sueños e ilusiones, todos los proyectos que estaban en marcha, la ausencia del contacto físico, del abrazo, de las miradas, duele. Podemos sentir impotencia, culpa, rabia, ira, angustia, ansiedad y dolor; sufrimos, y todo ello, deja heridas que irán cicatrizando poco a poco. Está en nuestras manos el intregarlo, asumirlo o el no hacerlo.

Son emociones difíciles de integrar. Mientras ocupen todo nuestro corazón, será complicado que dejemos entrada a la vida, a la alegría. La llegada de la primavera, nos recuerda que para poder florecer, hemos dejado atrás, hemos integrado y asumido, que la vida es un ciclo, llena de etapas distintas, a veces duras y complicadas, otras más fáciles y llevaderas. La vida es una montaña rusa llena de curvas, subidas y bajadas.

Antes de que la semilla fructifique, ha pasado por heladas, ventiscas, lluvias, sol, etc, y todo ello, ha hecho que el grano, sea más resistente, más fuerte. Lo mismo nos pasa a nosotros ante las dificultades de la vida, y más ante la muerte de un ser querido.

Habrá personas que decidan quedarse en el dolor, en la rabia, la ira; ya sea porque les cuesta o resulta difícil asumir la pérdida; otras, a pesar de ello, decidirán dar entrada a la luz, a los rayos de sol que harán que poco a poco, la semilla de la vida que está en su corazón, comience a florecer.

Todo es válido. Cada uno elije el proceso que necesita vivir para poder avanzar y crecer, para evolucionar. Y la muerte, es uno de los procesos más duros por el que pasamos y nos ofrece la oportunidad de recapacitar, de sentir, de reflexionar, de tomar una postura ante quiénes somos, hacia dónde vamos, y cómo queremos vivir nuestra vida.

La primavera está tocando la puerta. Permitamos que comiencen a florecer los brotes verdes de esperanza, de luz y amor en nuestros corazones. Vamos a darnos la oportunidad de seguir avanzando en nuestro camino dejando atrás en la medida que podamos, todos los lastres que arrastramos, la amargura, la rabia, la ira, el dolor. Vamos a perdonarnos, a amarnos, a sentirnos llenos y plenos por nosotros mismos y los seres que han fallecidos. Pues, a pesar de que no les sentimos tanto como nos gustaría, velan y cuidan de nosotros, y siguen queriéndonos con toda la fuerza que tiene el amor verdadero.


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miércoles, 1 de enero de 2014

Año Nuevo, 365 días de poder ser felices

Acabamos de dar la bienvenida a un nuevo año, y con ella a la posibilidad de ser felices 365 días al año.

Tenemos la llave que abre la puerta de la felicidad. Cuál es la clave, dónde está el truco. No existe truco, ni magia. O tal vez sí. Tan simple y sencillo cómo sentir en nuestro corazón cómo deseamos vivir, cómo deseamos amar y ser amados, cómo deseamos relacionarnos con los demás y con el entorno. Por supuesto, no todo depende de nosotros. Existen muchos factores y circunstancias que además de ser obstáculos en el camino, permitirán que tomemos conciencia de nuestro yo, ayudándonos a ser y estar seguros de nosotros mismos.

Podemos elegir vivir en sintonía con nuestro corazón, es decir, en equilibrio; o, vivir pensando en cómo les gustaría a los demás qué fuéramos. No podemos contentar a todo el mundo, es imposible; en cambio, si podemos, estar en armonía con nuestro yo, y esa es una de las bases para ser felices.

Las circunstancias, obstáculos y dificultades que pone la vida en el camino, están para ser superadas. Son retos, a veces, pruebas de vida, que se convierten es losas pesadas que llevamos ancladas en el corazón. Todos las conocemos, por haber pasado por alguna o varias de ellas: rupturas, crisis, enfermedades, muertes de seres queridos, ausencias, vacíos, bloqueos...; dolor de todo tipo, que parece vivir en el corazón de manera permanente. Podemos ser felices a pesar del dolor, a pesar de la adversidad, a pesar de la carrera de obstáculos en que en ocasiones, se convierte la vida. Todo lleva su ritmo, su proceso.

Elegir ser felices no significa, que dejemos de sentir dolor ante la vida. Se trata de vivirlo sin perder la armonía interior, sabiendo escucharnos, respondiendo a nuestras necesidades. Reconociendo que habrá días en los que la ausencia de los que amamos pese más que otros; sabiendo, que habrá días en que cueste encontrar una razón para mirar hacia delante, buscando en nosotros esas fuerzas que parece que nos han abandonado; sabiendo, que habrá momentos en que el vacío o el bloqueo sean tan poderosos que nos reten a seguir caminando aunque no encontremos el modo de hacerlo. 

Pero sabiendo también, que viviremos momentos estupendos, en los que nos permitiremos reír, sentir amor, paz y calma. Y estos momentos mágicos, serán el motor que nos lleve hacia adelante, que ayudara a sanar las heridas, dejando que cicatricen poco a poco.

Ser feliz implica un compromiso con nosotros mismos, el del amor, la seguridad y confianza a pesar de vivir en plena oscuridad y saber que el sol sale todos los días, aunque sólo veamos nubarrones negros. Porque el día menos pensado, los rayos de sol, iluminaran nuestros pasos, envolverán de luz de nuestro caminar y llenarán de calor el corazón.

Ser feliz no significa vivir en la irrealidad. Ser feliz es trabajar en y por la armonía, por el bienestar, sabiendo que todo tiene un porqué aunque a simple vista no lo veamos, reconociendo que la línea que divide el sufrimiento de la alegría, a veces, pasa por el sentimiento de culpa, de rabia, de impotencia. Ser felices significa amarnos, respetarnos, perdonarnos y querer seguir aprendiendo cada día a pesar de las circunstancias que nos rodeen.

Quiero desearos a todos, que seáis muy felices. Simplemente amándonos, queriéndonos, lo lograremos. Feliz Año Nuevo. Felices 365 días llenos de posibilidades y oportunidades de ser felices. ¿Quién se apunta a ser feliz?   


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sábado, 16 de febrero de 2013

El libre albedrío; las almas, su evolución y reencarnación

Una vez más quiero agradecer a Carmen que pregunte sus dudas. Os animo a todos a que también lo hagáis.

Este es el comentario que Carmen dejó en la entrada anterior.
 
Carmen: Que complicado es esto! me vienen un montón de preguntas, si nuestras reencarnaciones es para que el alma vaya evolucionando y nosotros antes de encarnar elegimos la vida que queremos vivir, para así poder evolucionar más rápido o más despacio, da la sensación de que la vida ya está escrita, ¿Dónde queda el libre albedrío? Y si tengo que aprender de mis errores cometidos en otra vida, como poder superarlos ¿si no los recuerdo?¿cómo se que no voy a cometer los mismos errores vida tras vida? y si el alma evoluciona por el amor hacia los demás entregando nuestro amor incondicional, pero hay personas que nos transmite malas vibraciones, que incluso una charla con ellas nos deja como si nos hubieran absorbido la energía, agotados, exhaustos, incluso pesimistas, puedo ser tolerante con ellas pero no puedo tenerlas cerca, por lo tanto no puedo amarlas, eso influye para que mi alma no evolucione?

Como veis son unas preguntas muy interesantes y creo que todas nos las hemos hecho más de una vez.

Sí, como almas que somos, estamos en constante evolución. Unas veces decidimos encarnar en la tierra, otras en otros lugares o también podemos estar el tiempo que consideremos oportuno, siendo almas sin encarnar. Todo ello es correcto.

Antes de encarnar, como almas, sabemos qué vamos a vivir. Para ello, elegiré a las almas y circunstancias adecuadas que me enseñen ese aprendizaje. Normalmente, suele empezar por casa, o mejor dicho, por los padres que tenemos, la educación que recibimos, el país y la época en que nacemos, etc. Todo ello, en teoría, es lo más idóneo para nuestra evolución como alma.

Al nacer, no solemos recordar qué hemos venido a aprender. Nuestro entorno, ya sea feliz o complicado, lo hemos elegido nosotros; otra cosa, es que en ya encarnados, además de ser alma, somos cuerpo, tenemos un físico y emociones. Luego, lo que a priori parecía sencillo como alma, se complica como ser, debido a las emociones.

Hablar del libre albedrío es como hacer la pregunta del millón, jaajajja. Hay filósofos y teólogos que se dedican a estudiarlo y al final, cada uno tiene su propia teoría. Contaré la mía.

Parte nuestra vida está determinada y queda poco espacio para el libre albedrío. Digamos que la vida es como hacer un viaje, como por ejemplo, ir de San Sebastián a París. Puedo ir andando, en coche, autobús, tren, avión, sola, en compañía, en verano o invierno, etc. Ir a un hotel de cinco estrellas o de camping. El viaje es ir de San Sebastián a París, o lo que es lo mismo, la vida; y, el cómo lo haga es el libre albedrío.

O dicho de otra manera, la vida tiene una meta, el avanzar, pero no soy consciente de qué tengo que aprender. Si observo las pruebas que he tenido que superar en la vida, me darán pistas para saber si he venido a aprender confianza, tesón, autoridad, abandono, complicidad, enfermedad, soledad, amor, etc...

El libre albedrío está en elegir lo que quiero, en la toma de decisiones, en cómo supero el obstáculo, la prueba. No en la meta, ni en la salida, sino en cómo vivirlo.

El que vengamos a evolucionar no significa que todos seamos amorosos y estupendos. Podemos necesitar vivir y a aprender lo que es el sufrimiento, el egoísmo, el dolor, y como alma es perfecto, aunque haga daño a los demás. Otros, han venido a aprender a no ser egoístas, a defenderse de la tiranía, etc. En todo lo que vivimos y hacemos hay un aprendizaje para nosotros y para todos los que nos rodean. 

La evolución dependerá de cuánto amor sintamos hacia los demás, pero especialmente y sobre todo, hacia una misma. Si no te quieres, no podrás defenderte de la tiranía o del abuso de los demás. Saber poner los límites a lo que nos hace daño, también es evolucionar. 

Todo lo que hagamos, pensemos, sintamos influye en nuestra evolución. Todo es movimiento. Al nacer se nos olvidó traer el manual de instrucciones. Muchas veces caminamos a ciegas, pero si somos fieles a nosotros mismos, nos queremos y respetamos, lo haremos extensible hacia los demás. Como no somos perfectos, nos enfadaremos, nos harán daño y también lo haremos nosotros. Cuanto más equilibrados estemos, seremos más capaces de entendernos mejor y por supuesto, también a los demás. Y ahí reside la evolución y el amor.

He intentado ser breve, porque cada una de las cuestiones que ha planteado Carmen, dan para varias entradas.  Tampoco descarto hacer una entrada más extensa sobre cada pregunta ;).


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 30 de octubre de 2012

Todos los Santos

He decidido volver a publicar esta entrada, que acaba de cumplir un año, porque al releerla he sentido que era la indicada para estos días. Algunos ya la habréis leído y para otros será nueva, apenas he retocado nada. Espero que os guste. 

Siempre me han gustado las flores desde niña y muy especialmente, los crisantemos. Estos días las floristerías están llenas de estas bellas flores, y en las pastelerías hay buñuelos y huesitos de santo de mazapán. Sí, estamos en vísperas de Todos los Santos.

Son unas fechas especiales para aquellos que han perdido a seres queridos. Si siempre están presentes en nuestro pensamiento, estos días todo nos lleva a pensar en ellos aún más. Son días de visitar los cementerios, de cuidar y limpiar la lápida de nuestros familiares, de poner flores nuevas en la tumbas de nuestros muertos.

Los seres que han fallecido, no están en los cementerios, ni permanecen en el lugar en que se esparcieron sus cenizas. Acuden allí, cada vez que nos acercamos a visitarles. Se reúnen ese día con nosotros casi como si se tratara de una cita.

En el otro plano, en la dimensión en la que están, pueden ir y venir en un instante de un lugar a otro. Tienen su trabajo, su ocupación; ya sea el descansar, limpiar partes de su vida recién vivida, ayudar a seres queridos y familia, ocuparse de solucionar aquello que consideran inconcluso, etc. Así que no permanecen quietos en un sólo sitio. Se mueven, actúan.

Alberto falleció lejos de casa. Había ido a hacer un master al extranjero; allí sufrió un infarto y murió. Le encantaba el mar. Su familia decidió depositar sus cenizas en una zona de la costa en la que se viera el mar.

Desde hace unos dos años o algo más, cada vez que su familia viene a verme, Alberto les pide que por favor, no vayan a verle a áquel lugar porque les ve sufrir, lo pasa mal al ver su tristeza, su pena. Quiere vivir su alegría, ver sus sonrisas, y poder participar de esta animación. Les propone que cada vez que se junten para comer o cenar, saquen el acordeón y disfruten. Desea que le recuerden cantando junto a ellos, feliz, siendo uno más en la mesa.

Su familia dice que necesitan ir al lugar donde dejaron sus cenizas, porque les gustan pensar que está allí, contemplando el mar y esperando su visita. Consideran que hacen algo especial, yendo a verle. Alberto, intenta explicarles una vez más, que siempre está con ellos. En su corazón, a su alrededor, durante el día a día. Mientras sonríe dulcemente, comenta que no hay manera, no lo entienden; otro año habrá que estar allí.

Hace tres meses murió Pilar, una gran amiga mía. Solíamos hablar mucho de la vida y la muerte con mucha libertad y abiertamente. Un día, en el que hablábamos sobre cómo organizar el funeral o dónde depositar sus cenizas; le comenté que cuando se fuera, me sentaría junto al árbol que le gustaba y pensaría en ella. Me miró con sus ojos azules, y con una sonrisa, - me dijo -, sabes mejor que nadie que no estaré allí, ¿para qué irás? Le devolví la sonrisa y le dije que tenía razón.

Si vamos a la playa, allí van; si vamos de excursión allí están; si vamos al cine, nos acompañan; y si vamos al cementerio, se unirán a la visita, porque siempre están a nuestro lado, junto a nosotros. Podemos celebrar su ausencia o presencia, a diario o el día que queramos, pero no necesariamente yendo al cementerio.

Están a nuestro lado, vayamos dónde vayamos o hagamos lo que hagamos. Nunca desaparecen de nuestro corazón, el lugar más íntimo y lleno de amor en el que pueden estar. Es posible que nos apetezca ir a dónde depositamos sus cenizas o están enterrados sus huesos. Si vamos es por nosotros, no por ellos. Me parece muy bien que quién tenga la intención de hacerlo, lo haga, es fantástico; pero sabiendo que ellos están a su lado, animando, velando, sosteniendo y guiando sus pasos día a día.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 23 de octubre de 2012

Una vida pasada de Elene

Seguimos hablando de la reencarnación. Esta vez, con la historia de Elene.

Conozco a Elene desde hace mucho años, no somos amigas íntimas pero si conocidas, y tras leer algunas de las entradas del blog, decidió contactar conmigo y proponerme una idea.

Elene, es la tercera de tres hermanos, una chica y un chico. Nunca se ha terminado de sentir a gusto en casa, con su familia, había sufrido menosprecios y malos tratos psicológicos. Aunque no sabía explicar bien el motivo, "sabía desde dentro" que ése no era su lugar, no se sentía identificada con ellos.

Durante algunos años, pensó que podría tratarse de celos, envidia hacia sus hermanos; y otras veces, pensaba que era todo fruto de su imaginación. Con el paso del tiempo, asumió como propio lo que escuchaba en casa, que era muy rebelde, una mala persona, siempre dando disgustos. Comentaba que era mejor seguirles la corriente y así pasar desapercibida, la convivencia era más fácil. 

Un día, siendo ya adulta, quiso saber la verdad, decidió investigar y asumir la realidad, si era un tema de celos o había algo más profundo. Quiso ponerse en mis manos para averiguarlo, quería llegar a la verdad a través de una regresión.

Al cabo de dos sesiones, descubrimos que en una vida pasada, Elene había estado prisionera en una celda, aislada y maltratada por sus carceleros. Pudo verles las caras; su cuerpo se estremeció y pareció encogerse. Comenzó a llorar. Decía que entendía muchas cosas, que la historia se estaba repitiendo de nuevo. Le pregunté a qué se refería y si reconocía a algunas de las personas a las que estaba viendo. Sí, contestó. Estoy viendo a mis padres. Ellos eran mis carceleros, aunque hay más personas pero no se quiénes son.

Quería saber cómo estaba Elene, cómo se sentía ante este descubrimiento. Me miró tranquila, y me dijo que por fin sabía la verdad, que no se lo inventaba, ni eran celos y también sabía porqué no se sentía a gusto en casa. Había averiguado lo que deseaba y aunque no era lo que esperaba, sentía paz y a la vez liberación. 

Días más tarde volvimos a estar juntas y me contó que la relación con su familia había mejorado. Entendía que la vida le había dado otra oportunidad, la de saber perdonar y que ya había empezado a hacerlo después de recibir la información. No veía a su familia como los enemigos, sino como las personas que le estaban ayudando a crecer, a ser ella misma y que por ello les quería aún más. No le importaba que en otra vida, hubieran sido sus carceleros, pues en ésta, eran su familia y le estaban dando su amor y que entendía que quizá para ellos, era más difícil que para ella. 

Había decidido no contar nada de lo que había averiguado a su familia, no merecía la pena, y sería además injusto pues seguramente se sentirían culpables de algo ya vivido, olvidado y que no tenía vuelta atrás. Había que mirar hacia adelante y ver en ello el regalo del perdón hacia ella misma y hacia los demás. Me dijo que ahora veía a su familia como eran de verdad, luchando por salir adelante, por dar amor en vez de castigo. Y para Elene, eso era un regalo muy bonito.

Me ha pedido que lo contara, porque cree que su historia puede ayudar a otras personas. Elene nos anima a no tener miedo a ver la verdad, por muy dura que sea y parezca; ya que el amor puede sanar y curar, abrir puertas que antes estaban cerradas, acercando a las personas. Desde cierto entendimiento, se tienden puentes que llevan a intentar comprender a las personas que están o forman parte de nuestro círculo más cercano. Y ella, en vez de alejarse más de sus padres, les ha entendido, perdonado y sintiéndose más unida a ellos. 

Seguramente, en otra ocasión volvamos a repetir la experiencia y descubramos que además de ésta vida dura, Elene y su familia como almas, están unidos por lazos de amor fuertes y podrá revivir vidas más fáciles y tranquilas.


La imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor.

domingo, 14 de octubre de 2012

Apuntes sobre la Reencarnación

Esta entrada está dedicada a María y a personas como ella que quieren saber más sobre la reencarnación. 

María está preocupada por una información que ha recibido de alguien sobre la reencarnación. Tiene un hijo pequeño y quiere saber qué tipo de relación les une o hay entre ellos. Tengo que comenzar diciendo que no se qué tipo de información ha recibido María pero se que está agobiada.

Intentaré ser lo más clara, concreta y concisa posible. Todos somos almas, y por lo tanto eternas, que dedican cuando así lo consideran, aprender ciertos aspectos para seguir su propia evolución. Cuando esas almas deciden estar en la tierra, se encarnan, además de alma, son un cuerpo. 

Las almas, si así lo desean pueden quedarse en el nivel, dimensión o plano en el que están, sin necesidad de encarnar. Puede pasar mucho tiempo o muy poco, antes de volver. Cada alma es la que marca su camino, su ritmo. 

Como almas que somos, y hemos pasado por muchas vidas, hemos vivido situaciones diversas, desde dolorosas, tranquilas, pacíficas, angustiosas, etc. O dicho de otro modo, hemos pasado por ser esclavos, ladrones, reyes, monjes, asesinos, santos, campesinos, mineros, amas de casa, soldados, etc.

Las actuaciones de cada vida, marcan un aprendizaje. En este caso, como alma, no se trata tanto de un aprendizaje moral o ético como el que conocemos nosotros, sino de orden espiritual. Cada vez que aprendemos, hay un avance; y la manera de aprender puede ser desde lo más duro y doloroso a lo más simple y sencillo. Algunas culturas hablan del karma y del darma, del deshacer para ganar. Cuando tenemos la oportunidad de aprender una situación; por ejemplo, el ponernos en el lugar del otro y no lo hacemos, "repetimos curso". Es decir, cuando decidamos volver, lo haremos aprendiendo aquello que quedó pendiente.

Indudablemente, no vivimos sólos, tenemos familia, amistades, somos sociales. Y como almas, solemos viajar, o encarnar entre almas con las que hemos tenido contacto anteriormente. Por ejemplo, mi madre ha podido ser en otra vida, mi pareja, mi enemigo, mi maestro, un vecino, una amiga, etc. Pero no por ello, deja de ser mi madre; y le veo y siento como lo que es. En general, tenemos relación aunque no la recordemos con casi todos los seres con los que nos relacionamos.

Todo ello, desde el punto de vista concreto, de la vida diaria, no tiene demasiada importancia, no es más que una información, que nos sirve para poder entender o solucionar algunas actitudes que tenemos en nuestras relaciones. Quién quiera investigar y saber más sobre ello, tendrá la oportunidad de poder limpiar, aclarar, comprobar o desbloquear situaciones, buceando en las relaciones que desee.

La vida actual, la que estamos viviendo, es la más importante y es en la que debemos centrarnos. En esta vida tenemos todo, las relaciones con la familia, amistades, trabajo, etc y con ello la oportunidad de poder resolver de manera consciente o no, asuntos que han podido quedar pendientes.

El agobiarnos o angustiarnos por la reencarnación, por saber qué tipo de relación hay entre mis padres, hermanos, conocidos, etc y yo, no es importante a no ser quiera  investigarlo para resolver alguna cuestión pendiente.

Nuestra familia actual, los seres con los que nos relaciomos son reales, concretos, y aunque en otras vidas, haya habido otro tipo de relación entre nosotros, la actual es la importante. Por poner un ejemplo que acabo de inventarme, de qué me sirve saber que mi padre y yo éramos enemigos en otra vida, si en ésta, nos queremos, colaboramos juntos y hay un respeto enorme. Lo que importa es lo que tenemos hoy y ahora. El resto es un plus, un añadido, una posibilidad u oportunidad de poder arreglar algo que no funciona.

En el caso de que nuestra vida sea sencilla, queramos y seamos amados, ya estamos trabajando en el amor, en avanzar y progresar como almas. Si sentimos que existe una unión, o un bloqueo que va más allá de la convivencia cotidiana y nos apetece investigarlo para que desaparezca, podemos hacerlo a través de las regresiones, constelaciones familiares, u otro tipo de técnicas.

Cada vida que vivimos es única y especial. Intentemos saborearla, disfrutarla; es un regalo, un momento para aprender, avanzar y evolucionar. La vida ya se presenta de por si bastante dura y compleja para agobiarnos por algo que ya no está en nuestras manos. Vamos a centrarnos en el aquí, en el ahora, en el instante y todo aquello que hagamos desde el amor, curará y sanará todo lo que estaba mal curado o bloqueado. El trabajar hoy, significa que limpiamos el ayer o el mañana.

María, no se si he sabido responder a tus preguntas. Si no es así, seguiré intentándolo.


La imagen es de un mandala mio.