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martes, 10 de mayo de 2016

La partida del padre de Myrian

Quiero compartir con todos, este correo que recibí desde Argentina, y lo envió Myrian. Su padre murió de cáncer y todo su proceso fue muy rápido. 

Creo que las vivencias de Myrian, pueden ayudar a otras personas que han pasado, o están viendo una situación similar.

Myrian: (...) Hace poco más de dos meses, el 21 de febrero pasado, mi Papá falleció de cáncer de hígado. Se enfermó y se fue en un mes...todo pasó tan rápido que hay momentos en que quiero creer que todo es un sueño y voy a verlo nuevamente entrar por la puerta con su sonrisa al llegar de su trabajo. Soy católica y creo que mi papa se fue al Cielo. Siento que su Alma se fue a la Luz. Hace unos días, tratando de encontrar explicaciones y consuelo tal vez...me encontré con tu blog y leí que los seres queridos fallecidos nos acompañan a superar su muerte y eso me hizo muy bien... La experiencia de la muerte de mi Papa me ha hecho tener una fe mas fuerte y reforzar mi idea de la vida en el mas allá... 

Mi papa fue cuidado por nosotros,su familia hasta último momento... y toda esta experiencia me cambio la vida y la forma en como veo la vida y la muerte...

Mi papa entro en coma hepático un día antes de morir y esa ultima noche yo me quede con el mientras mi mama y mis hermanos descansaban... Pase la mayor parte de esa noche a su lado, rezando y diciéndole cuanto lo amo... llore mucho y le dije que podía irse en paz, que nosotros íbamos a estar bien... le pude decir Gracias por ser mi papa y por la vida que compartimos juntos... En un momento yo sostenía su mano y el la apretó fuertemente cuando le dije que iba a cuidar de mi mama!!! Yo sentí que mi papa me escuchaba y reacciono! Leí en tu blog que las personas en coma escuchan y ahora se que es así a pesar que los médicos digan que no!

En un determinado momento mi hermana me dijo que me recostara un rato y yo antes de retirarme de la habitación, le susurre a mi papa y le dije que si se iba, me avisara por favor... me quede dormida por primera vez en esa noche y de pronto me desperté como si alguien me hubiese llamado... fui a la habitación y mi papa se acababa de ir... lo sentí....el me aviso... Es así Maria Eugenia? O es mi imaginación? Antes de morir, sus ojos celestes se habían vuelto turquesa y tenia una mirada llena de paz .... eso fue muy fuerte para mi ...Era su alma que se reflejaba?? Estaba viendo a sus seres queridos tal vez???

Desde entonces, yo he sentido su presencia, su olor... una mariposa que se acerca insistentemente.... plumas que aparecen de la nada... un aroma característico de el.... Es mi papa verdad?

Quiero agradecerte porque en tus palabras he podido encontrar consuelo y paz y he podido sentir que mi papa esta!!! 

Hay momentos en que lo extranio mucho!!! Le digo que lo Amo y que espero que este feliz!!!

Gracias Maria Eugenia porque leerte me ayuda a responder preguntas que me hago todo el tiempo!!!

Mi papa se llama Mario y en esta vida fue un gran hombre...tenia 78 anios y seguía trabajando porque esa era su pasión... el se enfermo en sus vacaciones y se murió un día antes de reintegrarse a su trabajo... en ningún momento nos hizo sentir si tenia miedo a morir.... nos decía que se iba a mejorar a pesar que yo siento que el sabia que se iba a morir.... lo que fue positivo es que pudimos decirnos todos cuantos nos amamos y el se fue en su cama, en su casa rodeado de nosotros, su familia, con amor y en paz... leí en tu blog que esa es una de las formas mas pacificas y hermosas de partir.... y le toco a mi papa y eso me hace sentir que Dios lo cobijo y lo protegió de una forma especial.... 

A veces me angustio mucho porque no estaba lista para que partiera...fue todo tan rápido.... pero en su partida mi papa me dio una gran lección de vida...tomo su destino con tanta dignidad y acepto que era su momento de partir!!!

Gracias por hablar de estos temas que para quienes estamos transitando estos momentos es muy tranquilizador saber que hay vida mas allá y hay Amor y que nuestros seres queridos nunca se van en realidad !!!! (...)

Cuando leí que los médicos que atendían al padre de Myrian, no les dijeron que podían hablarle me extraño y me dio pena. Normalmente, es el propio personal sanitario, en el que anima a que les hables y acaricies, Es más, hasta suelen aconsejar hablar de temas delicados, lejos del paciente, porque éste escucha.

Si me gustaría romper una lanza a favor de los médicos y enfermeras, con los que me he encontrado -y en la UCI, hay muchos-, que fueron los primeros en decir: "habladle que os escucha, acariciadle que os siente". Algún día contaré esa experiencia ;).

Creo que el padre de Myrian pudo sentir a su lado, todo el apoyo y amor de su familia. Posiblemente, saberse acompañado y tranquilo, pudo facilitar su tránsito y ayudarle a morir con paz y en calma.

Muchas gracias, Myrian, por permitirme compartir tu correo y por tus bonitas palabras hacia mi.


Myrian acaba de publicar un comentario y creo que merece estar en la entrada.


Hola!

GRACIAS a todos x describirme sus emociones al leer mi carta...Me emociona mucho que cada uno de ustedes pueda sentirse identificado conmigo. Yo me siento muy identificada con lo que cada uno de ustedes cuentan...Experiencias y vivencias distintas pero en el fondo todos apuntamos a lo mismo...saber que nuestros seres queridos fallecidos permanecen a nuestro lado y que el Amor sigue intacto!!!
Anoche antes de dormirme, le pedí a mi papa que me hiciera saber si le había gustado la publicación y si le parecía bien que compartiera nuestra experiencia... y esta maniana cuando me levante...apareció una plumita (de la nada!)junto a mi cama...A mi papa le gustaba juntar plumas (olvide mencionarlo).
Les mando mucha Luz y Amor y Gracias a todos y cada uno de ustedes y en especial a vos Maria Eugenia!!! Gracias por tu infinita ayuda y por compartir tu sabiduría!!!

Besos!


Myrian


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

viernes, 22 de enero de 2016

A ayudar a morir también se aprende, de Fermín Apezteguia

A ayudar a morir también se aprende, es el título de un artículo que escribió Fermín Apezteguia en el periódico El Correo, el 8 de junio de 2014, en el que entrevista a Jacinto Batiz, especialista en cuidados paliativos

Me ha parecido muy interesante toda la información que comparten, el punto de vista y el enfoque que dan al proceso del acompañamiento a los seres que están en fase terminal.

Transcribo una parte de la entrevista, en la que Batiz aporta diez consejos que debemos tener en cuenta si vamos a cuidar de un paciente terminal. Aunque ya los conozcamos, nunca está de más, el volver a releerlos.

(...) 

Principales consejos

"Acompañar a alguien-resume el experto- es dedicarle nuestro tiempo, visitarle con frecuencia, mostrarle respeto y comprensión, demostrarle nuestra disposición a apoyarle en lo que pueda ocurrir, respetar los momentos en que quiera estar solo y no forzar una conversación activa. El mejor medicamento -concluye. es nuestra compañía"

  1. Tener en cuanta que la comunicación es distinta si nos situamos a un metro de la cama del paciente o si nos ponemos a su lado, tocándole con nuestra mano.
  2. Un apretón de manos, una caricia, un fuerte abrazo no los lleva el viento. Pesan más que las palabras.
  3. En ocasiones, el tacto suele ser la única forma de comunicación y de expresión de cuidado que se le puede dar al enfermo.
  4. Es muy importante que el enfermo y quién le cuida mantengan alguna forma de comunicación, sobre todo, en los estadíos avanzados, cuando el paciente ya casi no se puede comunicar verbalmente.
  5. Si quién le cuida o acompaña sigue hablándoles, sonriéndole o acariciándole, esta comunicación afectiva permanecerá intacta aún cuando la comunicación verbal se pierda.
  6. La compañía puede hacerse con la mirada, la sonrisa y las caricias.
  7. La forma de mirar, de dar la mano son importantes en pacientes que no pueden emplear las palabras como los afectados por la demencia, sordera o que hablan otro idioma. La sonrisa, el tono de voz, los gestos de las manos pueden significar calor e interés personal.
  8. Trate al enfermo como un ser humano hasta el momento de su muerte. Tenga en cuenta su dimensión emocional, social y espiritual.
  9. Permita al enfermo, si puede hacer, expresar sus propios sentimientos y emociones sobre su forma de enfocar su muerte y participar en las decisiones que incumban a sus cuidados. Respete su individualidad y no le juzgue por sus decisiones, aunque sean contrarias a las del cuidador.
  10. Imagina el final de tu vida y cuida como te gustaría que te cuidaran a ti llegado ese momento.
(...)

Podéis leer todo el artículo, pinchando aquí.


La imagen es la que aparece acompañando al artículo y desconozco quién es su autor.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Su vuelo corto, de Eugenia Díaz Mares

Quiero hablaros del libro, Su vuelo corto, que ha escrito Eugenia Díaz Mares, Atlántida para muchos y Eugenia para otros, autora del blog de poesía Azulgenia

Erika la hija menor de Eugenia murió cuando tenía 25 años. En el libro su autora va desgranando todo el proceso de la muerte de su hija, la enfermedad, la medicación que "no llega" y desaparece en el hospital, la lucha de Erika y de su familia, el afrontar toda la dolorosa experiencia de su enfermedad, el vivir el proceso de su muerte...

Cuando llega la muerte tras haber vivido una vida plena y larga, aunque duele, asumimos que es lo normal. Sin embargo, cuando muerte un hijo, se rompen los esquemas, la incomprensión es enorme. Cuesta asumir que un ser que apenas ha vivido, se marche tan pronto, cuando tiene todo un futuro por delante.

El dolor, la ausencia, el vacío que se produce puede ser devastador y asumir este tipo de muertes tan prematuras es un proceso realmente complicado y delicado. Generalmente, requiere un tiempo más largo de duelo.

Eugenia relata todo lo vivido, el mensaje y la enseñanza que les dejó Erika antes y después de su muerte. Cuenta cómo son sus señales, cuándo han aparecido y de qué manera se ha comunicado con ellos.

Es un libro muy fácil de leer, lleno de sentimientos y emoción. Aún conociendo la historia de Erika y de su muerte, en algún pasaje del libro se me encogió el corazón y se me escaparon las lágrimas. Está escrito con y desde el amor, y se transmite en cada línea.

Si os apetece leerlo, podéis poneros en contacto con Eugenia, le encontraréis en Azulgenia

Mi experiencia con el libro ha sido curiosa. Ha estado conmigo todos los días de verano. Me acompañaba dentro del bolso. Siempre estaba a mano, he leído casi todo el libro oliendo a salitre, sentada delante del mar, mecida por el sonido de las olas.

El viento, las mariposas, las libélulas también han sido mis compañeros mientras leía el libro. Ellas me han hecho recordar y pensar en Erika, y en su manera de comunicarse con sus seres queridos.

Su vuelo corto, espero que tenga un vuelo muy largo y  que deje huella en quién lo lea.

Si me permitís, aprovecho esta entrada para desearos Felices Fiestas, una feliz salida y entrada de año. Mis mejores deseos para todos vosotros.


La imagen es la portada del libro.

viernes, 2 de agosto de 2013

Nadie muere antes de tiempo, todo es correcto

Sois varias las personas que tanto en el blog como en el correo, habéis preguntado lo mismo y aunque respondí a uno muy similar que dejó María del Carmen, he decidido ampliar la respuesta.

Es una pena no saber quién escribió el comentario en el blog, ponía Anónimo. Aquí está.

Anónimo: "Hola MARIA EUGENIA tengo una duda aclarame que uno cuando nace tiene su dia y su hora de morir eso esta escrito.. yo creo que eso nadie lo sabe solamamente dios o los que se quitan la vida con sus propias manos es asi o ellos lo disponen xq nadie sabe el dia ni la hora de su muerte solamente el creador".

La respuesta es sencilla. Todos tenemos una fecha de nacimiento y otra para morir. Todos celebramos nuestro cumpleaños, ya que sabemos el día en que nacimos. En cambio, la de la muerte no la conocemos. Algunos lamas y personas muy elevadas energética y vibracionalmente, si suelen saberla. Consideran que es positivo para ellos, ya que de esta manera, saben el tiempo que disponen para realizar su misión en esta vida. Suelen asombrarse cuando decimos que nosotros no queramos conocerla

Todos tenemos una fecha para morir. Nadie nos vamos antes de tiempo. Incluidas las personas que han muerto trágicamente, accidentalmente, por errores médicos, por falta de recursos, suicidios, etc.

He escuchado muchas veces, en consulta, explicar a los seres que han muerto, que se han ido en el momento adecuado, ni antes, ni después. Suele costar entenderlo, y más cuando sabemos que tenían planes, una vida feliz, amaban a su familia, etc.  

Nos marchamos, morimos, cuando tenemos que hacerlo. Cuando ya hemos realizado nuestra misión en la vida. Algunas personas opinan que también cuando no queda ya tiempo material para poder realizarla. Por mi experiencia, hasta ahora, ya sea en personas que se han suicidado, muerto en accidentes, asesinados o por muerte natural, siempre han contado que se han muerto cuando debían y que todo era correcto.

La misma forma de morir, puede ser la misión que venían a cumplir. Un asesinato, una muerte provocada por una enfermedad incurable o de difícil tratamiento, un error médico, un suicidio, pueden ser la propia misión. Su forma de morir, impacta, no deja indiferente a nadie, normalmente a la familia y al entorno cercano; otras veces, el impacto llega a toda la sociedad.

Vamos a los ejemplos. Si tengo que morir, un día determinado, va a dar igual que sea durmiendo en la cama, en un incendio, de una enfermedad, de un atropello, etc. Moriré a la hora en que me toque. Me gustaría que fuera de manera natural, pero desconozco cómo será.

Imaginemos que me toca morir mañana a las 16.00. Puede ser que si estoy en la playa, pueda ahogarme, me de un infarto, un aneurisma o me atropelle alguien. Si estoy en la cama, durmiendo la siesta, me moriré descansando. 

Cuando las muertes son impactantes, y conllevan un transfondo de lucha, de errores judiciales, médicos, burocráticos, sanitarios, etc, podríamos hablar de muertes con una misión. ¿Cuál? Podrían ser varias, las de luchar por una mejora de las carreteras, la de dar a conocer un hecho, una enfermedad, la de implicarse en una lucha o mejora social, la denuncia de maltratos, de leyes injustas, etc. Una muerte, una persona, puede llegar a convertirse en el abanderado de una misión. Como alma escoge vivirla y así ayudarnos a abrir los ojos a una nueva realidad, ya sea a nivel individual como colectivo.

Una muerte puede ser para quien fallece, cumplir su misión, pero para los que quedamos puede que sea el comienzo de la nuestra. Si ha sido por un error, la de lograr que se repare o se haga público lo ocurrido, luchar para que no se vuelva a repetir.

La muerte nos llega a todos. No sabemos de qué manera moriremos, pero podemos atisbar qué muertes producen una reacción determinada en nosotros, un click interno que hace que pensemos, recapacitemos, reafirmemos en nuestras creencias o reneguemos de ellas. Todo es correcto. 

La muerte y la vida, van unidas. Una es el comienzo y otra el final. Para la vida, la muerte es el final, y tras la muerte, comienza otra nueva vida. Con cada muerte, con cada nacimiento, tenemos nuevas oportunidades de conocernos, de seguir aprendiendo y evolucionando. Como seres, viviremos y moriremos de acuerdo a lo que elegimos y necesitamos experimentar al nacer. No debemos olvidar que somos eternos, pues nuestras almas lo son. Viviremos tantas vidas y muertes, como elijamos y deseemos. 


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

domingo, 16 de junio de 2013

El mensaje del abuelo de Julia: sigue adelante

El amor no entiende de kilómetros, de distancias, de barreras, ni de dimensiones. Esta es la historia de Julia. Desde aquí quiero aprovechar para darle las gracias por su generosidad, por eligirme para que la escribiera, por darme su permiso para publicarla en el blog, y así poder compartirla con todos.

Julia se puso en contacto conmigo porque quería comunicarse con sus seres queridos, entre ellos su abuelo y su padre. Lo primero que recuerdo de su abuelo, era su sonrisa, amplia, abierta y la gran sensación de paz que me inundó cuando comuniqué con él. Era divertido, alegre y a la vez, tranquilo, sabio. 

Estaba atento a todo, pendiente de lo que hacíamos y decíamos. Mientras le transmitía a Julia lo que decía, en un momento de la conversación me corrigió, y me dijo, "no soy abuelo, soy yayo". Y siguió hablando contando a Julia lo que quería comunicarle.

El tiempo no es igual para los seres que han fallecido que para nosotros. Pueden estar en sitios distintos, mantener conversaciones con varias personas e incluso realizar diferentes actividades al mismo tiempo. El abuelo de Julia, también. Mientras hablaba con Julia, a la vez estaba jugando con el perro de ella. Era divertido ver cómo podía estar haciendo dos cosas en el mismo instante sin perder la intensidad de lo que decía o hacía.

El abuelo de Julia, era un hombre de tierra, de mar adentro, le gustaba el campo y cultivaba la tierra. Era sencillo, pausado y conocedor de que todo tiene un ciclo, que nada es eterno. Todo llega en el momento adecuado, simplemente es cuestión de tener la paciencia necesaria para poder actuar de la mejor manera en ese instante. Y con dulzura y sonrisa, animaba a Julia a que siguiera adelante con su vida.

También se presentó el padre de Julia. Era un hombre tímido en vida, y su energía seguía igual tras su muerte. Habló poco, pero pudo transmitir a su hija lo que quería decirle. El padre de Julia, llegó con una carta y en ella estaba escrito todo lo que quería comunicar a su hija. Poco a poco, fue perdiendo la timidez y le habló directamente a ella. Al terminar, fue de nuevo su abuelo quién tomó la palabra.

El abuelo de Julia, tenía una energía amorosa, envolvente; sigue cuidando y aconsejando a su nieta a pesar de estar en dos planos, en dos dimensiones distintas. El amor no tiene barreras, es eterno. Además de a Julia, su yayo también cuida de su viuda, de la abuela de Julia. Ella tiene demencia senil, es muy complicado mantener una conversación con ella porque no se acuerda, está ausente. Pero, pudo comunicarse con su nieta pudiendo decirle todo aquello que no puede por su enfermedad. Cuando estamos en coma, tenemos Alzheimer o demencia senil, algunos seres pueden establecer también comunicación con sus seres queridos sin necesidad de haber fallecido. Esto es lo que sucede con la abuela de Julia, que también cuida de ella con mucho amor.

Los seres que han fallecido que desean comunicarse con sus seres queridos buscan la manera de hacerlo, ya sea encontrando las personas que pueden escucharles, mostrando señales, a veces con insistencia hasta que su mensaje sea escuchado.

Es bonito poder comprobar que parte de nuestra personalidad permanece tras nuestra muerte, y su energía no se pierde, se transmite y nos llega con intensidad. Quién era alegre, transmite alegría; quién era poco hablador, sigue siéndolo o se muestra poco comunicativo con palabras pero en cambio, puede mostrar un paisaje, un objeto, de tal modo, que su mensaje llegue a nosotros de la manera más clara posible.

Con el permiso del abuelo de Julia, voy a "tomar prestado" parte del mensaje que le dio, porque me gusta y me parece válido para todos y cada uno de nosotros. Sigue adelante, la vida continúa, sigue adelante. Mira al futuro con decisión y sin miedos. Adelante. 


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

sábado, 4 de mayo de 2013

El mensaje que recibió Paula tras la muerte de su madre

La muerte, por muy preparados que estemos, suele provocar distintas reacciones dejando secuelas y señales, sobre todo de tipo emocional y psicológico. 

Tras la muerte de un ser querido, afloran sentimientos y pensamientos, a veces esperados por ser conocidos; y otras, nos asombramos al descubrirlos por no saber que existían.

La entrada tiene dos protagonistas, por un lado, Paula y su madre; y por otro, el mensaje de su madre a Paula, y que ésta ha querido compartir en el blog. Desde aquí, le doy las gracias una vez más por su generosidad.

Paula había perdido a su madre tras una enfermedad hace ya algunos años. El diagnóstico inicial fue duro, su madre tenía cáncer y aunque no le aseguraban el tiempo de vida que le quedaba, sólo podían decirle que no sería grande, tal vez tres meses de vida, que finalmente, se convirtieron en cuatro años.

Paula quería conectar con su madre, estaba preocupada y abrumada por sus sentimientos. No era feliz, y se sentía culpable por no haber podido estar más tiempo al lado de ella. Este sentimiento a veces estaba latente y otras, aparecía como un acompañante fiel, impidiéndole ser feliz.

La madre de Paula apareció, su energía estaba llena de fortaleza y dulzura. Se alegró de ver a su hija, sobre todo, porque había intentado comunicarse con ella en sueños y ésta no le había oído. Tenía varios mensajes para ella.

En el primero que le dio, le dijo que no tenía nada que perdonar y si mucho que agradecer. Sabía que su hija le había dado todo su amor, nunca se sintió sola especialmente durante el tiempo que duró toda su enfermedad.

Continuó transmitiendo que le hubiera gustado haber podido hablar con tranquilidad de su enfermedad, y de la gravedad con su hija. Sabia que se estaba muriendo, pero cuando miraba a su hija, sentía que no estaba preparada para su marcha. Así que, decidió luchar todo lo posible hasta que Paula pudiera asimilar su marcha.

Paula se quedó muy sorprendida, creía que había podido ocultarle lo que ocurría y su madre había sabido en todo momento la gravedad de su situación, y además, había permanecido callada. Enseguida le preguntó a su madre, por qué no le había dicho nada. La respuesta fue muy clara, porque Paula no quería conocer la verdad. Estaba demasiado asustada ante la pérdida de su madre.

Las dos se querían mucho y ninguna quería que la otra sufriera. Se dieron cuenta que si se hubieran atrevido a hablar con sinceridad y sin miedo de lo que estaba pasando, tal vez, hubiera sido más fácil aceptar la situación desde otra perspectiva. Permitiéndose expresar sus miedos, su amor, su fuerza, su alegría y les hubiera podido ayudar a afrontar la muerte de una manera más natural, con menos traumas y dolor.

La madre de Paula, quería que su hija comenzara a vivir sin culpa, rabia; sabiendo que el amor es comprensión y acogida. Animándole a hablar de lo que más duele sin miedo, porque al hacerlo encontraría más beneficio que callando, donde el dolor y el resentimiento ocupaban mucho espacio. Le animaba a quererse más, a expresar sus sentimientos sin reservas.

Hace unos días, me llamó Paula para decirme que había empezado a respirar de otra manera, se sentía "más grande, más ligera y menos pesada"; se había apuntado a clase de yoga, estaba contenta. Estaba reencontrándose con ella misma y eso le hacía estar feliz.

Me pidió que contara su historia, quería que las palabras de su madre, llegaran a más personas, porque como decía Paula, "somos muchos los que sentimos, pensamos y permanecemos callados por miedo sin saber que la otra persona está en la misma situación que nosotros. Hablar y comunicarse, a pesar del miedo, puede significar el estrechar vínculos en momentos muy especiales".


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

jueves, 25 de abril de 2013

La enfermedad tras la muerte

Quiero compartir con todos el comentario que dejó Milagros en una de las entradas del blog, "Soñar con los seres fallecidos". Me ha parecido muy bonito e interesante por varios motivos. Uno de ellos es que es una historia llena de amor que continúa tras la muerte su abuela. Y el resto, lo averiguaréis al leerlo ;).

Milagros: (...) Mi abuela, mi amiga, la persona que me ha criado, el primer olor que reconozco en mi vida y mi gran amor nos dejó hace 7 meses después de pasar por una dura enfermedad llamada Alzheimer. Es un premio para mi y para ella, porque no tenía calidad de vida. Además, tuvo una muerte muy dulce, una muerte justa, en su casa, con su marido y sin sufrir absolutamente nada.

Le dio tiempo a despedirse de mi unos días antes, aunque no podía hablar debido a la enfermedad ella y yo nos comunicábamos perfectamente. La pregunté si era feliz y me dijo "me quiero ir con mi madre" supe entonces que era el último día que la iba a ver. La noche antes de su fallecimiento soñé con unas mariposas blancas, esa mañana nos dejó.

Ahora la siento muy cerca y he soñado 2 veces con ella. En mi último sueño me llamaba por teléfono y me decía que fuera a buscarla al metro. Yo no sabía cuál de las dos paradas de mi barrio era la del encuentro y me agobié un poquito porque pensaba que ella no iba a saber en cuál parada bajarse, debido a su enfermedad. Finalmente, nos encontramos, la llené de besos, sentí su piel, su carita....me sentí feliz en mi sueño y llena de amor.

Quería preguntarte ¿qué opinas sobre un ser de luz que en esta dimensión tuvo Alzheimer? ¿Crees que ella puede estar perdida, allá dónde esté por esta enfermedad?

En mi sueño, como decía, al final nos encontramos, pero estoy inquieta porque no sé si las enfermedades de este plano como el Alzheimer pueden afectar en otros... (...).

Empezaré por el final. Da igual la enfermedad que hayamos tenido, las incapacidades físicas o mentales con las que hemos vivido; tras la muerte, desaparecen, volvemos a ser seres de luz, espíritus libres. Tras el tránsito, dejamos atrás lo que fuimos y nos acercamos a lo que somos en realidad, seres de amor.

Algunos seres tardan más que otros en darse cuenta que son libres y están llenos de amor, que no hay dolor, ni enfermedad, ni pena, ni angustia. El proceso va a depender de lo apegados que estén a sus vidas anteriores, a la vida que acaban de dejar. El tiempo carece de importancia, cada ser lo vivirá a su manera y a su ritmo; simplemente es un proceso de adaptación y evolución.

Antes de nacer elegimos las circunstancias y situaciones que van a permitirnos seguir nuestra evolución como seres. La enfermedad, las limitaciones físicas o mentales, forman parte de este aprendizaje. Si al morir hemos aprendido lo que queríamos experimentar, pasaremos de nivel o de curso. Si todavía hace falta aprender más, elegiremos el momento adecuado para regresar y completar el aprendizaje que falta. La elección la hacemos desde el amor; nadie nos juzga, tampoco nosotros mismos.

Alguna vez he hablado sobre las personas que están en coma, podéis leer la entrada "El estado de coma y el alma" o buscar la etiqueta coma en la columna derecha del blog. Lo mismo podría aplicarse a las personas que tienen Alzheimer. Aunque están vivas, su espíritu está más cerca del otro plano que de éste en el que vivimos. Aparentemente han desconectado de esta vida por varios motivos; sin embargo, siguen estando activos, trabajando y continuando su evolución en el plano astral.

Al morir, recuperan totalmente la libertad de acción, de moverse a dónde deseen ir, ya no tienen el anclaje del cuerpo que les limitaba. Tras la muerte, su proceso es el mismo que cualquier otro ser que haya muerto de manera natural, enfermedad, trágica o accidental. O lo que es lo mismo, todos volvemos a ser conscientes de nuestra totalidad.

Es posible que en los encuentros o comunicaciones que podemos tener con nuestros seres queridos, para que podamos reconocerles, pueden aparecer mostrándose tal y como eran en vida. Por ejemplo, si llevaban gafas, les vemos con ellas aún sabiendo que en el plano en el que están, no las necesitan.

También se dan casos al contrario. Seres que en vida, habían muerto ya muy mayores, con limitaciones claras, aparecen en las comunicaciones tal y como se ven y se sienten ahora ellos. Suele ser habitual, ver a seres que a pesar de haber muerto con 90 años, se presentan como jóvenes de 20 o con 40 años.

La enfermedad, los miedos, el dolor, etc., todo ello desaparece con la muerte. Recuperamos nuestra esencia, volvemos a ser nosotros en nuestra total inmensidad; volvemos a casa, al Amor; listos para seguir trabajando y evolucionando.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.