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miércoles, 9 de abril de 2014

Las señales de los seres queridos fallecidos y el tiempo

Hace ya unos días, Julia, realizaba una pregunta en uno de los comentarios del blog. Quiero volver a hablar de ello, porque creo que se trata de una cuestión interesante. Y sin más misterios, dejo aquí parte de su comentario.

Julia: "... Tengo una duda hablando el otro día con una amiga que tb cree le pasa igual que ami, por que se nota más la presencia en el primer año que han fallecido? Por lo menos este es nuestro caso.

Ahora estoy pasando por momentos difíciles y por más que este paciente y algo atenta no, noto ninguna señal de ellos. Aveces si que me invade como mucha paz y protección supongo que tb es una manera de decirme que están ahí... "

¿Por qué se nota más y con mayor intensidad la presencia de los seres queridos tras su fallecimiento? La respuesta es sencilla. Tras su marcha, quieren transmitirnos cómo se encuentran, si están bien, si necesitan algo. Y lo suelen hacer, a través de señales que podemos entender con cierta facilidad. Por ejemplo, oler su fragancia, escuchar su canción favorita, sentirles a nuestro lado aunque no les veamos, sentir una caricia, verles en sueños, etc.

El dolor ante la pérdida actúa como un resorte de protección; nos aisla, blindándonos a lo que sucede alrededor. Es tan intenso, que el resto de lo que ocurre a nuestro lado parece que no importa, hasta puede que carezca de sentido, dándonos así, tiempo para sanar, para integrar la pérdida. Es parte del duelo.

Una parte de nosotros, desea tener señales, comunicaciones y mensajes de nuestros seres queridos; y a la vez, el mismo dolor, lo impide. A pesar de ello, existen momentos en los que tenemos paz; la mente y el corazón están más tranquilos y con ellos, abiertos a escuchar y sentir. Y es entonces, en esos instantes, cuando podemos sentirles con mayor fuerza.

Eso no significa que sólo se comuniquen en ese momento, porque seguro que lo han hecho más veces, sino que es cuando estamos preparados para vivirlo.

Los seres que han fallecido, una vez que han transmitido su mensaje, se sienten "liberados". Hemos recibido su comunicación, la conocemos y sentimos. Ya está, trabajo realizado. Si querían decirnos que estaban bien y lo sabemos, ya no insisten más, ya tenemos la información que querían darnos. 

Una vez que el dolor va remitiendo, estamos más abiertos, queremos, necesitamos sentirles, saber de ellos. Tenemos necesidad de ellos. Sin embargo, solemos olvidar que en el otro plano, la situación es distinta a la de la tierra. Pensamos que si nos acordamos de ellos con fuerza e intensidad, lógicamente nuestros seres queridos, también sienten lo mismo. 

Están a nuestro lado. Algunos eligen estar con nosotros, por ser su deseo, por su amor, su misión, etc. Cuidan y velan de nosotros. Podemos recibir mensajes o información que deseen transmitirnos. En este caso, elegirán el momento adecuado para hacerlo. Podemos estar totalmente preparados para la escucha, para sentirles y no recibir información. 

Son ellos, los que deciden cuándo, cómo, dónde, a través de quién, de qué manera, etc. Generalmente, cuando les llamamos o pedimos su ayuda, solemos recibir su respuesta, a veces, nos informan directamente; y otras veces, nos damos cuenta que hemos recibido una ayuda extra, su apoyo, en determinada situación de la vida, aunque no nos lo hayan dicho.

Resumiendo, es más fácil sentir la presencia de nuestros seres al principio, durante el primer año tras su fallecimiento, porque quieren comunicarnos cómo están ya que saben que necesitamos saberlo, pues nos reconforta y ayuda a integrar su marcha.

Una vez que han dado el mensaje, su presencia tiende a desaparecer, a ser menos palpable y evidente. Eso no significa que desaparezcan de nuestra vida, sino que ya no hay tanta prisa por dar un mensaje puesto que ya hemos recibido la información que necesitábamos conocer.

Hay un cambio de papeles, llega un momento en que somos nosotros los que deseamos saber más, estamos más abiertos y podemos asimilar mejor lo que deseen comunicarnos. Debemos tener paciencia, sabiendo que ellos, que ven y saben más que nosotros, escogerán el momento adecuado para hacerse notar, sentir y transmitirnos sus mensajes. 

Tampoco debemos olvidar, que muchas de las señales que nos envían, son tan sutiles que a veces que pueden pasar desapercibidas. Estemos abiertos a lo inesperado, dejemos la mente a un lado, y abramos el corazón a sentir, ver y percibir. 

La energía que somos, la que nos une, es el amor y nunca desaparece.


La imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor.

miércoles, 24 de julio de 2013

Señales de nuestros seres queridos, Pilar y Erika

Hace tiempo que no hablo de las señales que envían nuestros seres queridos que ya han fallecido.

Solemos creer que vamos a recibir las señales como si de una carta en la mano de tratara. Y de algún modo, es así. Las señales que suelen enviarnos son claras, nítidas, para quién está abierto a recibirlas.

Estar abierto no significa querer tenerlas, sino fluir, que nuestro corazón permanezca abierto al amor que nos mandan, a sentir que lo que parece a veces muy sutil e inapreciable, es en realidad una señal. 

Por ejemplo, un aroma leve que hemos olido durante cinco segundos donde no tenía que oler a nada, y automáticamente pensamos en alguien fallecido. Todo puede llegar a ser una señal, una canción, un mensaje, una conversación, un anuncio... El mundo es una página en blanco para las señales y nosotros somos las antenas y los destinatarios de ellas.

Este viernes pasado se celebraba el tercer aniversario de la muerte de una amiga. Recuerdo que unos meses antes de morir, me contaba entusiasmada que una noche al ir acostarse se había encontrado una mariposa en la almohada. Voló al meterse en la cama. Al día siguiente al abrir los ojos, encontró de nuevo a la mariposa posada junto a ella. Para mi amiga, fue una señal muy clara de que algo bueno iba a ocurrir.

La madrugada del viernes, al ir acostarme, vi que había una mariposa justo encima de mi almohada. Inmediatamente pensé en mi amiga, en las mariposas y en que para ella, tenían un significado especial. Para que no queden dudas, hacía más de un año que no había mariposas en la habitación, ni en la casa. Ni tampoco ha vuelto a repetirse su aparición. Supe que era una señal que me mandaba ella, diciéndome, sigo por aquí, estoy cerca.

Eso no significa que cada vez que vea una mariposa, sepa que es una señal de mi amiga, puede que si lo sea o puede que simplemente se trate de una mariposa que está revoloteando y se ha cruzado en mi camino.

Os dejo con un comentario que escribió Atlántida, del blog Mariposas en mi vida, en una de las entradas anteriores, Respuestas breves a preguntas vuestras. Me gustó mucho. Habla precisamente de las señales y de cómo podemos verlas cuando estamos abiertos a ellas.

Atlántida: (...) Recien regreso de visitar a la familia y pasar unos dias en la playa con mi esposo, en el puerto que nos vio nacer. Lo que te que te deseo compartir esta muy de acuerdo a lo que nos compartes en este post sobre las señales de nuestros familiares fallecidos.

Como tu sabes mi hija Erika la mas pequeña de nuestras dos hijas fallecio hace ya casi 5 años, y bueno te cuento que en este viaje al entrar a la habitación del hotel, en el tocador estaba un sobre en el que nos daba la bienvenida la chica encargada de esa habitación... tenia el sobre en letras grandes el nombre de ERIKA. 

No se si te te comente que cuando me despedia triste de mi hija en la funeraria le pedi no me dejara tan sola, que cuando me percibiera muy triste y agobiada viniera en una mariposa o pajarito y escogió venir en una mariposa,porque desde que ella partió las mariposas están muy presentes en mi vida, y en este viaje no fue la excepción ya que al regresar en el limpiaparabrisas del coche se paro una mariposa monarca y se vino todo el viaje que duro casi 7 horas hasta llegar a la ciudad donde radicamos.

Es mi deseo compartir esta experiencia contigo y las personas que siguen tu interesante blog (...)

Es verdad que ellos siguen cerca, solo hay que poner atención a las señales que nos van dejando. (...)

Os invito a permanecer abiertos a ver o percibir las señales que mandan nuestros seres queridos. Observemos con el corazón, siendo pacientes y sin obsesionarnos. No importa si nos cuesta verlas o tenemos dudas. Si es así, podemos dirigirnos a ellos y pedirles que envíen una confirmación clara. Harán todo lo posible para que podamos entenderles. Y, como siempre, escuchemos a nuestro corazón, ahí es dónde reside la certeza. Si escuchamos al corazón, sabremos la verdad.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

viernes, 15 de marzo de 2013

Vida después de la vida, de Raymond Moody

Hay libros que son básicos dentro de toda temática, y hay autores que son referencia en ellos. En este caso, vamos a unir dos en uno; un nombre, Raymond Moody; y un libro, Vida después de la vida.

Debo reconocer que hasta hace muy poquito tiempo, menos de un mes, no había leído ninguno de sus libros. Siempre los he tenido a mano pero por un motivo u otro, lo he ido postergando hasta que por fin, hace dos semanas, he hecho los deberes y he devorado dos de sus libros. 

Raymond Moody es filósofo, psiquiatra y escritor. Sobre todo, es un nombre que ha marcado un antes y un después a la hora de hablar y estudiar el mundo de la muerte y todo lo que le rodea, especialmente, la experiencias cercanas a la muerte o ECM, las regresiones, vidas pasadas, etc. 

Su punto de vista es la de médico y científico, sin olvidarnos de su faceta más humanista. Sus libros son fáciles de entender y comprender. Están llenos de ejemplos y testimonios de personas que han contado lo que han vivido cuando estaban clínicamente muertos y también habla en primera persona de sus propias experiencias. Moody ayuda a que pensemos y reflexionemos desde varios enfoques, inclusive en algún libro, interactuando con nosotros, a través de varias visualizaciones e invitándonos a experimentar nosotros mismos, consiguiendo de este modo, que tengamos nuestras propias ideas, cuestiones, interrogantes o conclusiones.   

Vida después de la vida, es uno de sus libros más conocidos. En el se habla de la muerte, de qué es la muerte, desde el punto de vista de las distintas religiones y culturas; y a la vez, presenta numerosos testimonios de personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte. En él, encontraremos descripciones del paso por el túnel de luz, del encuentro con seres queridos que habían fallecido con anterioridad, verse fuera del cuerpo, el encuentro con seres de luz, el oír y escuchar lo que sucede mientras estamos fuera del cuerpo, etc. Así como, qué ha supuesto esta experiencia a las personas que pasado por esta vivencia y cómo lo viven e integran en su día a día.

Es un libro que se lee muy fácil, de un tirón. Es claro y sencillo. Está escrito con cariño, de una manera objetiva e intentando acercarse a este mundo desde todos los puntos de vista posibles.

Me parece muy aconsejable para tener unas nociones claras sobre la muerte, el tránsito y de las experiencias cercanas a la muerte. Y un tema a tener en cuenta, son muy fáciles de encontrar.

Otro día hablaré de su libro, Regresiones.


La imagen es de la portada del libro. La he encontrado en internet y desconozco quién es su autor.

lunes, 14 de enero de 2013

Los animales y los seres queridos fallecidos

Las maneras en que sentimos las señales o mensajes de los seres queridos fallecidos son muchas y variadas. 

Los adultos tenemos más dificultad que los niños y los animales en percibirlas. En otras entradas hemos hablado de los niños, de cómo perciben y se relacionan con los seres queridos que han fallecidos.

En esta ocasión, los protagonistas son los animales. Al igual que los seres humanos, también perciben a los seres que han fallecido o están viviendo momentos críticos. Les notan y ven con facilidad; su sensibilidad e instinto es mucho mayor que los nuestros.

Las personas que tenéis animales, seguro que habéis vivido situaciones especiales con vuestras mascotas, en las que el perro o el gato, miraban hacia un lado, una pared, se quedaban quietos y no había nadie allí. Nadie que viéramos, pero el animal lo estaba reflejando. Otras veces, con su comportamiento están intentando comunicarnos que algo no va bien, que alguien ha sufrido un accidente, está grave; y también, pueden sentir la muerte de un ser querido antes que lo sepamos.

Hace unos días, Juan me contaba un caso similar. Su hijo, Ander murió hace un par de años en un accidente de moto. En casa siempre han tenido animales, y el perro de Ander se llama Lur. 

Un día, hace dos años, Lur comenzó a ladrar de repente, sin que hubiera ningún motivo para ello. Intentaban calmarle pero no podían. Fue a más, Lur cambió su manera de ladrar por una especie de sollozo triste y se quedó quieta en un rincón de la casa, justo delante de la puerta de la habitación de Ander.

Les extrañó su comportamiento, nunca se había portado así, pero no hicieron nada. Pensaron que sentía añoranza, Ander llevaba un mes estudiando en otra ciudad. A las horas recibieron una llamada explicándoles que Ander estaba en el hospital, había tenido un accidente con la moto y estaba muy grave. Cuando llegaron a verle, ya había muerto.

Juan, contaba que hace unos meses, descubrieron que Lur estaba jugando con alguien invisible. No daban crédito. Iba a buscar una pelotita y la dejaba a los pies de la nada. Lur saltaba, movía la cola contenta y salía a coger la pelotita. Se comportaba del mismo modo que cuando jugaba con Ander a ir a buscar la pelota. Su corazón les decía que Ander estaba allí pero la cabeza, gritaba, que era imposible.

A lo largo de todo un mes, volvió a repetirse la misma escena. Lur corría, llevaba la pelotita y saltaba. Seguía sin haber nadie junto a Lur. También observaron que volvía a dormir junto a la cama de Ander, igual que cuando él vivía. Juan y su mujer, se dieron cuenta de que aunque ellos no veían a su hijo, Lur si lo hacía. En sus corazones no quedaba ninguna duda, Ander estaba allí. Y fue en ese momento, cuando recordaron lo que pasó con Lur horas antes de que muriera Ander. Les estaba comunicando que Ander no estaba bien.

Ya no ha vuelto a ocurrir más veces. La última fue especial. Lur en vez de llevar la pelota a la nada, se la llevó a ellos. Dejó la pelota en el suelo, ladró mientras volvía la cabeza hacia el vacío. Juan supo que era su hijo, el que les había mandado la señal a través del perro. Aunque no pudo ver a su hijo, le sintió con Lur y decía que para él, era muy importante, pues sabía que Ander había estado en la casa, con ellos y con el perro.

Historias como la de Juan hay muchas, cada una distinta de las demás, pero con un mismo punto de unión, los animales ven y perciben a los seres que han muerto como si estuvieran a su lado, y también nos avisan a su manera de que algo que desconocemos, no va bien.

Los animales, perciben, sienten y ven. No sólo son una fuente de amor y cariño, de apoyo y compañía en nuestras vidas; sino también, pueden ayudarnos a ver las señales que no podemos percibir con tanta claridad.


La imagen está tomada de internet y desconozco quien es su autor.

martes, 2 de octubre de 2012

Señales de nuestros seres queridos fallecidos

Unas de las preguntas que más me suelen hacer son, ¿por qué no veo las señales de mis seres queridos? ¿por qué los demás si pueden y yo no? ¿por qué al principio soñaba con él o ella y ahora ya no?

Son varios los factores que intervienen a la hora de poder ver, sentir y percibir las señales de los seres o familiares que ya han fallecido. Entre ellos están el equilibrio mente corazón, la disposición y capacidad a percibir, el momento adecuado, el modo de ver, las tensiones, el miedo, el estrés, las ganas, la obsesión, las emociones y sentimientos, etc.

Una de las maneras de comunicarse nuestros seres queridos con nosotros, es a través de señales o mensajes que envían. Y pueden emitirlos de muchas maneras distintas. Y no tienen que ser siempre de la misma forma.

La mayoría de los mensajes que recibimos suelen producirse al principio, tras su marcha. Muchas veces es para comunicarnos que se han ido o que están bien. Durante un tiempo, dejamos de sentir su presencia, es normal.

Al morir, todavía estamos conectados con la tierra, con lo concreto, con la materia, somos más densos y, aunque hemos abandonado nuestro cuerpo, seguimos teniendo cierta corporeidad. Resulta más sencilla la comunicación, y normalmente suelen elegir el mundo de los sueños, en este caso, el plano astral, como lugar de encuentro entre ellos y nosotros.

Tras su marcha, siguen su camino evolutivo y vibracional. No es posible tener el mismo contacto con ellos por mucho que lo deseemos. Por poner un ejemplo, si nos vamos de viaje a otro lugar, ya sea a trabajar o por placer, estaremos ocupados en nuestras cosas. Eso no significa que no nos acordemos de las personas a las que queremos, pero estamos a lo nuestro. Pues es parecido a lo que sucede tras la muerte, eso si, salvando las distancias.

Nuestros ojos, nuestro corazón, sigue necesitando el contacto, su presencia pero ellos, tienen otras ocupaciones, otro camino, el suyo; del mismo modo que cuando nos toque morir, seguiremos el nuestro. Por ello, son siempre nuestros seres queridos los que se ponen en contacto con nosotros, y no nosotros con ellos.

Ellos siguen avanzando y debemos ayudarles a seguir su proceso como almas que son. El demandar su atención no es bueno para ninguno. Solemos confundir la pena, el dolor, el vacío con el apego. Cuántas veces he escuchado, es que Fulanito siempre estaba pendiente de mi, y ahora que se ha muerto, ni tan siquiera he soñado con él o le he visto. No es lógico, estábamos tan unidos, me siento abandonada.

Sí es lógico y normal. Ellos están en otra dimensión, ocupándose de proseguir su vida, su evolución. Su sentimientos, sus metas, son distintas a las nuestras. Eso no significa que no nos ayuden, al revés, si pueden, nos mostrarán su cercanía, su apoyo y energía. Velarán y nos guiarán aportando luz a nuestros pensamientos y sentimientos.

Debemos dejarles partir, pues la muerte sólo es otra etapa, eso si, deja un vacío fuerte pero debemos afrontarlo con naturalidad y amor. No digo que no se sufra, que no haya un duelo, que no se necesite tiempo. Al revés, al pasar por estas etapas estamos asumiendo su marcha.

Cuánto mejor nos vean, nos sientan, nos perciban, más podrán ayudarnos, porque no existirá una dependencia nuestra hacia ellos.

Para entender y ver sus señales, debemos tener una mente abierta, ser espectadores de nuestra vida cotidiana, no esperar nada y ser como niños, estar abiertos a la sorpresa, y ello sólo lo podemos hacer si nuestro dolor, nuestra angustia no nos domina. Porque si es así, estaremos cerrados a sentir aquello que es alegría. Y nuestros seres son alegría y amor.

Seamos como niños, vamos a dejarnos llevar, observemos en la medida que podamos lo que ocurre a nuestro alrededor. Tal vez la señal que hacen, está delante nuestro y no podemos verla. A veces, cuando no esperamos nada, tenemos todo.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

viernes, 2 de marzo de 2012

Una casa encantada o la historia de José

Unos conocidos mios están cansados de escuchar ruidos a altas horas de la madrugada en la casa contigua a la suya. Unas veces, se oye el sonido de las cañerías; otras, ven luces que se apagan y encienden. La casa está vacía desde que murió el dueño y piensan que han entrado a robar. 

La policía investiga a fondo y no descubre nada. Los sonidos y luces se repiten; y el caso, pasa de la policía municipal a la autónoma. Realizan todo tipo de comprobaciones, tuberías, instalación eléctrica, gas, etc., deducen que no hay nadie en la casa, ni tampoco ningún animal. Ellos mismos viven los fenómenos  y no tienen una explicación lógica que lo explique. Uno de ellos, cree que la casa está encantada.

En esta casa vivía José. Se había quedado viudo siendo joven y no tenía hijos. Era una persona jovial, atenta y amable hasta que murió su mujer. Desde ese día, se encerró en casa, no salía, el dolor era tan grande que decidió que la vida no merecía ser vivida. Sus amigos acudían a verle, llevándole comida, intentando que saliera de casa y que poco a poco volviera a una vida rutinaria. Fue imposible. José siguió aislándose aún más.

Cerca de la casa, están las vías del tren. Un día apareció su cuerpo sobre las vías. Nunca se supo si había sido un accidente o un suicidio. Al poco de morir, aparecieron los primeros sonidos extraños. Nadie los relacionó con José, sino con que entraban animales o personas a la casa.

Cuando escuché la historia, me conmovió mucho y sentí que José estaba ligado a la casa. Quería ayudarle y no sabía cómo. Empecé a rezar por él, decidí enviarle luz y amor. No me apetecía acercarme a la casa por respeto, y cierto miedo. La historia fue conociéndose entre más personas y algunas de ellas comenzaron a ir allí a investigar, para ver si veían o sentían algo.

Un día, unos amigos me convencieron y fuimos a la casa. Nos quedamos en el coche. Estaba inquieta, tenía la sensación de estar molestando. Al poco de llegar, escuché una respiración profunda e intensa junto a mi. Sentí la ira, la rabia y el enfado de José. Era una sensación muy fuerte. Les pedí que nos marcháramos. Ellos no habían escuchado nada y se quejaban por haber tenido que irnos sin descubrir nada interesante. Si antes sentía que José quería estar sólo, ahora sabía que era cierto. Decidí no volver e intentar que le dejaran sólo. Fue imposible, la historia daba miedo y morbo.

Seguí enviando luz y amor a José, no era la única en hacerlo, éramos un grupo grande. Al cabo de un par de meses, la gente dejó de ir a la casa, se aburrían, no pasaba nada. Sentí que José ya no estaba allí, se había marchado y estaba en paz.

Pasado un tiempo, José se puso en contacto con un par de personas del grupo, quería dar las gracias por el envió de luz, ya que le había ayudado a darse cuenta de que debía pasar al otro plano sintiéndose feliz y libre.   

Contó su historia. Había estado muy apegado a la casa, era lo único que tenía; allí había sido inmensamente feliz y desdichado. Se sentía culpable por la muerte de su mujer, por no haber podido evitarla y estaba lleno de dolor y angustia. 

Al morir vio la luz, sintió amor y escuchó cómo su mujer le pedía que se reunieran de nuevo, yéndose con ella. Su sentimiento de culpa le impidió ir a la luz. No se sentía preparado para dar el paso, decidió que tenía que cumplir penitencia y ésta era quedarse. Decidió seguir viviendo el dolor, pensaba que era lo que merecía. Y se quedó en la casa, siendo él el origen de los fenómenos.

Han pasado muchos años de todo aquello, más de veinte. De vez en cuando, me suelo acordar de José y sonrió al hacerlo. Se que está bien, en la luz y disfrutando del amor en el otro plano. El conocerle y poder ayudarle fue muy importante para mi a todos los niveles, fue una experiencia muy especial.


 La imagen de la foto está sacada de internet y desconozco quién es su autor.

lunes, 20 de febrero de 2012

Anécdotas sobre señales de los seres que nos rodean

En una de las entradas anteriores, prometí a Ion-Laos del blog Tierra de violetas, que contaría una anécdota sobre las señales de los seres que están a nuestro alrededor y cuesta ver.

A lo largo de mi vida, he vivido, vivo y viviré, al igual que todas las personas, señales más o menos claras de los seres que están con nosotros. A veces las vemos con facilidad, otras pasan desapercibidas y en ocasiones, lo evidente desaparece ante la mirada de la razón. Voy a contaros una de éstas últimas.

Todo comenzó un día cualquiera, cuando al apagar la televisión, ésta volvía a encenderse. Al principio, no le di importancia. Era sólo de vez en cuando. Fueron pasando los días y comencé a notar que tras apagar la tele con el mando, se oía un clic y volvía a encenderse. Pensé que el mando estaba mal y cambié las pilas.

Daba igual el nuevo mando, las pilas; la tele tenía vida propia. Decidí llamar al servicio técnico pero al final no lo hice porque la televisión volvió a comportarse con normalidad durante un tiempo, hasta que de nuevo volvía a encenderse sola ya hubiera mando o pilas nuevas.

Un día una gran amiga mía, me dijo al leerme la mano, que había un niño conmigo que estaba intentando ponerse en contacto conmigo pero que yo no le estaba viendo y que estaba intentando llamar mi atención de varias maneras. De repente, pensé en todo lo que había estado ocurriendo con la tele. 

Pensé en que había actuado todo el rato desde la mente analítica y racional, yendo paso a paso, pero se me pasó lo más importante, cuando era evidente, había dejado aparcada la intuición. No es habitual en mí el hacerlo, pero pasa. Suelo trabajar las dos, la lógica y la intuición, es básico su equilibrio. Conecté con el niño, le pedí perdón por el no haberle visto, por no haberme enterado de su presencia. Me comentó que era un guía, que estaría un tiempo conmigo y después de realizar su trabajo junto a mi se marcharía. Y es lo que hizo.

Esta situación me sirvió para estar más atenta aún a todo tipo de señales. Tengo presente ambas herramientas y observo lo que ocurre usando la lógica y la intuición y, además, dejo abierto el canal que soy. Parece que desde entonces, o las señales que envían han ganado en claridad o es que he ido ampliando mi canal de percepción, porque ya no ha vuelto a pasar.

La última señal que he tenido o vivido, fue esta semana pasada. Acababa de salir de trabajar, hacia frío e iba caminando rápido por la calle. En una esquina vi a un grupo de personas que estaban hablando mientras esperaban que se pusiera el semáforo en verde. No podía oír lo que decían.

De repente, escuché unas frases dichas con rapidez, quise saber lo que decían pero no entendí nada, era una especie de cuchicheo rápido. Me chocó, la voz era clara y nítida, como si hubiera alguien a mi lado o justo detrás mio.

Mi parte lógica y mental que es muy fuerte, me obligó a mirar hacia delante buscando a la persona que hubiera podido hablarme casi al oído. No había nadie cerca. Giré la cabeza hacia atrás, seguía estando sola. 

El escuchar y no entender lo que decían me hizo estar alerta a lo que podía encontrar camino a casa. No ocurrió nada extraño. Una vez más, estas señales sirven para que permanezca atenta a ellas e intente descubrir su significado, sin olvidarme de la lógica y la intuición.


La imagen de la foto está sacada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 14 de febrero de 2012

Fantasmas, presencias, espíritus

Los fantasmas no existen, o dicho de otra manera, a lo que llamamos fantasmas son espíritus y presencias.

Generalizando, podríamos decir que existen dos grupos, los que van a la luz directamente, que son mayoría y de los que hemos venido hablando en la mayor parte de las entradas; y, los que están perdidos, por no ir a la luz, y son minoría.

Al morir, el espíritu regresa al lugar del que partió, al origen, al amor. Existen diversos planos o dimensiones vibracionales de energía amorosa. En ellos, el espíritu descansa, se recupera de lo vivido en su última vida; está aprendiendo, evolucionando.

Cuando morimos, avanzamos hacia la luz, que es amor, y lleva directamente al plano donde descansaremos, reuniremos con otros seres queridos y planificaremos cómo queremos seguir avanzando como almas que somos. Para todo ello se necesita un tiempo, para algunos seres será más rápido; otros, necesitarán más tiempo. Cada uno el que precise, no hay prisa.

Otros seres, y son minoría, al morir, no van a la luz. Quizá sientan miedo al ver la luz y aunque estén rodeados de seres queridos al hacer el tránsito, rechazan su ayuda. Estos seres, acaban perdidos en una dimensión en la que la luz y el amor es más escasa, que existe y se deja sentir.

La decisión de quedarse puede estar motivada por el miedo a avanzar, por la creencia que su vida no ha sido todo lo correcta que debía y temen qué va a pasar cuando lleguen a su destino; porque están demasiado apegados a su familia, tierra, vínculos en la tierra, etc.

Estos seres, se sienten perdidos y pasado un tiempo buscan la luz que les conducirá de vuelta al amor. No saben o no conocen cuál el camino de regreso, sienten miedo, están angustiados, se sienten solos. Cuando se dan cuenta de su situación buscan ayuda en sus seres queridos que están vivos, ya sean familia, amistades, allegados, etc. Muchas veces, ya sea por el dolor de la pérdida y la ausencia, porque no sabemos verles, ni percibir sus señales, no somos conscientes de su presencia a nuestro lado. 

Cuando se dan cuenta que en su entorno no les ven, van en busca de otros seres que pueden percibirles ya sea porque están abiertos, son canales, en ese momento de su vida son más sensibles, etc. Los seres fallecidos buscan un faro en la oscuridad que les ilumine, luz que guíe sus caminos de vuelta a casa. Cuando encuentran a una de estas personas que saben que puede ayudarles, se hacen notar de muchas maneras llamando su atención.

Aunque ellos vean que somos luz y podemos guiarles, es posible que nosotros mismos no sepamos que tenemos esa capacidad. Podemos notar su presencia porque estamos incómodos, molestos, no sabemos qué pasa pero notamos cierta inquietud. Notamos la energía de la angustia. Ante todo, debemos saber que no pueden hacernos daño, sólo buscan ayuda.

Ante esta situación podemos optar por ayudarles o no hacerlo. Somos libres de decidir qué hacer. En el caso de querer ayudar lo que haremos será mandarles luz y amor, para que la encuentren y así retomar su camino. Ya hemos hablado en entradas anteriores cómo hacerlo, en concreto en Enviando luz y amor.

En una próxima entrada, hablaré de qué podemos hacer y cómo actuar cuando sentimos que hay presencias o espíritus perdidos cerca nuestro.

No debemos confundir a estos seres que están perdidos, con los que una vez estando en la luz, de repasar y descansar de su vida anterior, deciden querer ayudar a sus familias. La energía que desprenden estos seres es de amor, suave, reconfortante, armoniosa y luminosa. Se distinguen fácilmente unos de otros.

Todos somos almas, espíritus pero no fantasmas. Dejemos a estos últimos para los cuentos, relatos y películas.


La imagen de la foto está sacada de internet y desconozco quién es su autor.