martes, 14 de mayo de 2013

Cómo distinguir un sueño de un encuentro astral con los seres queridos ya fallecidos

Son muchos los correos que me enviáis hablando de los sueños que tenéis con vuestros seres queridos ya fallecidos.

Me gustaría hacer un breve resumen sobre cómo poder diferenciar un sueño normal de un viaje astral, o lo que es lo mismo, un encuentro o comunicación con los seres queridos.

Empezaré citando a mi padre con una de sus frases favoritas: "Los bomberos llevan cascos, pero no todos los que llevan casco son bomberos". Podemos aplicar el mismo razonamiento para nuestro caso. Aunque soñemos con nuestros seres queridos, eso no significa que siempre que lo hagamos, estemos teniendo una comunicación con ellos; simplemente, puede tratarse de un sueño sin más.

El mundo de los sueños es enorme y abarca muchos aspectos. Al soñar, se hacen visibles, nuestros miedos, angustias, deseos, proyectos, creatividad. Algunas veces, se muestran de manera simbólica; otras en cambio, con claridad.

Podemos soñar con nuestros muertos, por muchos motivos, podemos echarles de menos, sentimos miedo o recordamos los momentos de angustia que vivimos, porque asociamos situaciones que estamos viviendo con su marcha, etc. Pero ello, no significa que haya un encuentro o comunicación con nuestros seres queridos fallecidos, puede tratarse de un sueño simbólico.

Pequeña guía a tener en cuenta en caso de soñar o de tener un encuentro en astral con nuestros seres queridos fallecidos.

0. Veo que hay varias dudas y prefiero añadir este punto, con la esperanza de poder aclararlas. Un encuentro con los seres queridos siempre se produce en astral, aunque le llamemos sueños; debido a que normalmente viajamos en astral cuando estamos dormidos.

Además de tener encuentros en astral que es dónde podemos verlos, hablar con ellos, escucharles, recibir mensajes o abrazarnos; también podemos soñar con ellos, pero eso no son encuentros, son simplemente sueños.

Y para más información sobre los viajes astrales, podéis ir a la sección etiquetas del blog y clikar donde pone "viaje astral".

Todo ello queda explicado en los puntos que hay más abajo ;).

1. Tras soñar con ellos, al despertar observaremos qué sensaciones hemos tenido. Si nos sentimos bien, en paz, con alegría, tristes, con miedo, etc.

2. En el caso de que sintamos paz y alegría, y sobre todo, se produzca un cambio en nosotros que a veces cuesta explicar con palabras, casi siempre, indica un encuentro en astral con ellos. Aunque sólo les hayamos visto de lejos, no hayamos interactuado con ellos, o hayamos podido o no escucharles.

3. Cuando sentimos miedo o angustia, por lo general se trata de un sueño, no de un encuentro con nuestros seres queridos. Tiene que ver con nuestro inconsciente, con nuestros miedos, procesos de cambio, de toma de decisiones que estamos viviendo. Sin ser conscientes asociamos estas emociones con otras que han dejado una huella profunda en nosotros, como es la pérdida de un ser querido.

Si tenemos algunos de estos sueños, deberemos prestar atención a qué estamos circunstancias estamos viviendo, cómo es nuestra vida en estos momentos. Este tipo de sueños puede aportarnos claridad a nuestro presente o día a día.

4. A veces, cuando tenemos encuentros, astral, con nuestros seres queridos, vienen a informarnos sobre un tema en concreto. Es posible que para ellos, la información sea clara y en cambio nosotros no entendamos qué quieren decirnos. Puede que estén avisándonos de que va a producirse un nacimiento, un fallecimiento en la familia, un viaje, que va a tocarnos la lotería, o simplemente se trata del recordatorio de una fecha o aniversario, etc.

En estos casos, una vez más, deberemos prestar atención a las situaciones que estamos viviendo. Observar y comprobar para después poder saber qué significan.

5. En algunos sueños, pueden darnos datos, como por ejemplo: "me voy, me marcho a otro lado, voy a trabajar, vivo aquí, etc". El mensaje que quieren transmitir es sencillo, simplemente muestran que siguen activos en el otro plano o informan que en ese momento deben seguir su camino evolutivo.

Podemos pedirles que nos cuenten más cosas que queremos saber o tener más información sobre sus actividades. Deberemos tener paciencia, pues la medida de tiempo no es la misma para ellos que para nosotros. Responderán cuando ellos lo consideren oportuno y de la manera que elijan. La respuesta puede estar en otro sueño o pueden utilizar otra manera distinta para que nos llegue la información. Permaneceremos atentos a ver qué sucede, qué tipo de señales percibimos.

6. Si soñamos con ellos y recordamos que podemos hablar con ellos, hacedlo; preguntadles lo que queráis, esperad sus respuestas. Si sólo son sueños que muestran símbolos de nuestras preocupaciones, preguntaros a vuestro yo interior, porque podéis encontrar respuestas a ellas.
La observación de los sueños o de los viajes astrales requiere paciencia, fluir sin miedo y aceptar que las respuestas pueden mostrarse de varias maneras distintas. Deberemos ser pacientes, y aprender a ver más allá. 

Los sueños y los viajes astrales son puertas para encontrarnos con nosotros mismos, y poder contactar si ellos quieren, con los seres queridos fallecidos, posibilitándonos el ser más plenos, tener más consciencia y aprender que todo está unido, que somos energía que adopta distintas formas. Sin olvidar lo más importante, que el amor sigue vivo y está en todos los lugares.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

sábado, 4 de mayo de 2013

El mensaje que recibió Paula tras la muerte de su madre

La muerte, por muy preparados que estemos, suele provocar distintas reacciones dejando secuelas y señales, sobre todo de tipo emocional y psicológico. 

Tras la muerte de un ser querido, afloran sentimientos y pensamientos, a veces esperados por ser conocidos; y otras, nos asombramos al descubrirlos por no saber que existían.

La entrada tiene dos protagonistas, por un lado, Paula y su madre; y por otro, el mensaje de su madre a Paula, y que ésta ha querido compartir en el blog. Desde aquí, le doy las gracias una vez más por su generosidad.

Paula había perdido a su madre tras una enfermedad hace ya algunos años. El diagnóstico inicial fue duro, su madre tenía cáncer y aunque no le aseguraban el tiempo de vida que le quedaba, sólo podían decirle que no sería grande, tal vez tres meses de vida, que finalmente, se convirtieron en cuatro años.

Paula quería conectar con su madre, estaba preocupada y abrumada por sus sentimientos. No era feliz, y se sentía culpable por no haber podido estar más tiempo al lado de ella. Este sentimiento a veces estaba latente y otras, aparecía como un acompañante fiel, impidiéndole ser feliz.

La madre de Paula apareció, su energía estaba llena de fortaleza y dulzura. Se alegró de ver a su hija, sobre todo, porque había intentado comunicarse con ella en sueños y ésta no le había oído. Tenía varios mensajes para ella.

En el primero que le dio, le dijo que no tenía nada que perdonar y si mucho que agradecer. Sabía que su hija le había dado todo su amor, nunca se sintió sola especialmente durante el tiempo que duró toda su enfermedad.

Continuó transmitiendo que le hubiera gustado haber podido hablar con tranquilidad de su enfermedad, y de la gravedad con su hija. Sabia que se estaba muriendo, pero cuando miraba a su hija, sentía que no estaba preparada para su marcha. Así que, decidió luchar todo lo posible hasta que Paula pudiera asimilar su marcha.

Paula se quedó muy sorprendida, creía que había podido ocultarle lo que ocurría y su madre había sabido en todo momento la gravedad de su situación, y además, había permanecido callada. Enseguida le preguntó a su madre, por qué no le había dicho nada. La respuesta fue muy clara, porque Paula no quería conocer la verdad. Estaba demasiado asustada ante la pérdida de su madre.

Las dos se querían mucho y ninguna quería que la otra sufriera. Se dieron cuenta que si se hubieran atrevido a hablar con sinceridad y sin miedo de lo que estaba pasando, tal vez, hubiera sido más fácil aceptar la situación desde otra perspectiva. Permitiéndose expresar sus miedos, su amor, su fuerza, su alegría y les hubiera podido ayudar a afrontar la muerte de una manera más natural, con menos traumas y dolor.

La madre de Paula, quería que su hija comenzara a vivir sin culpa, rabia; sabiendo que el amor es comprensión y acogida. Animándole a hablar de lo que más duele sin miedo, porque al hacerlo encontraría más beneficio que callando, donde el dolor y el resentimiento ocupaban mucho espacio. Le animaba a quererse más, a expresar sus sentimientos sin reservas.

Hace unos días, me llamó Paula para decirme que había empezado a respirar de otra manera, se sentía "más grande, más ligera y menos pesada"; se había apuntado a clase de yoga, estaba contenta. Estaba reencontrándose con ella misma y eso le hacía estar feliz.

Me pidió que contara su historia, quería que las palabras de su madre, llegaran a más personas, porque como decía Paula, "somos muchos los que sentimos, pensamos y permanecemos callados por miedo sin saber que la otra persona está en la misma situación que nosotros. Hablar y comunicarse, a pesar del miedo, puede significar el estrechar vínculos en momentos muy especiales".


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

jueves, 25 de abril de 2013

La enfermedad tras la muerte

Quiero compartir con todos el comentario que dejó Milagros en una de las entradas del blog, "Soñar con los seres fallecidos". Me ha parecido muy bonito e interesante por varios motivos. Uno de ellos es que es una historia llena de amor que continúa tras la muerte su abuela. Y el resto, lo averiguaréis al leerlo ;).

Milagros: (...) Mi abuela, mi amiga, la persona que me ha criado, el primer olor que reconozco en mi vida y mi gran amor nos dejó hace 7 meses después de pasar por una dura enfermedad llamada Alzheimer. Es un premio para mi y para ella, porque no tenía calidad de vida. Además, tuvo una muerte muy dulce, una muerte justa, en su casa, con su marido y sin sufrir absolutamente nada.

Le dio tiempo a despedirse de mi unos días antes, aunque no podía hablar debido a la enfermedad ella y yo nos comunicábamos perfectamente. La pregunté si era feliz y me dijo "me quiero ir con mi madre" supe entonces que era el último día que la iba a ver. La noche antes de su fallecimiento soñé con unas mariposas blancas, esa mañana nos dejó.

Ahora la siento muy cerca y he soñado 2 veces con ella. En mi último sueño me llamaba por teléfono y me decía que fuera a buscarla al metro. Yo no sabía cuál de las dos paradas de mi barrio era la del encuentro y me agobié un poquito porque pensaba que ella no iba a saber en cuál parada bajarse, debido a su enfermedad. Finalmente, nos encontramos, la llené de besos, sentí su piel, su carita....me sentí feliz en mi sueño y llena de amor.

Quería preguntarte ¿qué opinas sobre un ser de luz que en esta dimensión tuvo Alzheimer? ¿Crees que ella puede estar perdida, allá dónde esté por esta enfermedad?

En mi sueño, como decía, al final nos encontramos, pero estoy inquieta porque no sé si las enfermedades de este plano como el Alzheimer pueden afectar en otros... (...).

Empezaré por el final. Da igual la enfermedad que hayamos tenido, las incapacidades físicas o mentales con las que hemos vivido; tras la muerte, desaparecen, volvemos a ser seres de luz, espíritus libres. Tras el tránsito, dejamos atrás lo que fuimos y nos acercamos a lo que somos en realidad, seres de amor.

Algunos seres tardan más que otros en darse cuenta que son libres y están llenos de amor, que no hay dolor, ni enfermedad, ni pena, ni angustia. El proceso va a depender de lo apegados que estén a sus vidas anteriores, a la vida que acaban de dejar. El tiempo carece de importancia, cada ser lo vivirá a su manera y a su ritmo; simplemente es un proceso de adaptación y evolución.

Antes de nacer elegimos las circunstancias y situaciones que van a permitirnos seguir nuestra evolución como seres. La enfermedad, las limitaciones físicas o mentales, forman parte de este aprendizaje. Si al morir hemos aprendido lo que queríamos experimentar, pasaremos de nivel o de curso. Si todavía hace falta aprender más, elegiremos el momento adecuado para regresar y completar el aprendizaje que falta. La elección la hacemos desde el amor; nadie nos juzga, tampoco nosotros mismos.

Alguna vez he hablado sobre las personas que están en coma, podéis leer la entrada "El estado de coma y el alma" o buscar la etiqueta coma en la columna derecha del blog. Lo mismo podría aplicarse a las personas que tienen Alheizmer. Aunque están vivas, su espíritu está más cerca del otro plano que de éste en el que vivimos. Aparentemente han desconectado de esta vida por varios motivos; sin embargo, siguen estando activos, trabajando y continuando su evolución en el plano astral.

Al morir, recuperan totalmente la libertad de acción, de moverse a dónde deseen ir, ya no tienen el anclaje del cuerpo que les limitaba. Tras la muerte, su proceso es el mismo que cualquier otro ser que haya muerto de manera natural, enfermedad, trágica o accidental. O lo que es lo mismo, todos volvemos a ser conscientes de nuestra totalidad.

Es posible que en los encuentros o comunicaciones que podemos tener con nuestros seres queridos, para que podamos reconocerles, pueden aparecer mostrándose tal y como eran en vida. Por ejemplo, si llevaban gafas, les vemos con ellas aún sabiendo que en el plano en el que están, no las necesitan.

También se dan casos al contrario. Seres que en vida, habían muerto ya muy mayores, con limitaciones claras, aparecen en las comunicaciones tal y como se ven y se sienten ahora ellos. Suele ser habitual, ver a seres que a pesar de haber muerto con 90 años, se presentan como jóvenes de 20 o con 40 años.

La enfermedad, los miedos, el dolor, etc., todo ello desaparece con la muerte. Recuperamos nuestra esencia, volvemos a ser nosotros en nuestra total inmensidad; volvemos a casa, al Amor; listos para seguir trabajando y evolucionando.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

martes, 16 de abril de 2013

El poder de lo esencial en la vida y la muerte

Vivimos rápidamente, queremos todo para ayer. Tenemos estrés, ansiedad y mil cosas más. Al vivir tan aceleradamente, pasamos por alto el valor de la sencillez en el que habita lo esencial.

Hoy en día, parece un lujo lo que no debería serlo; el poder pararnos a escuchar lo que nos rodea; pero sobre todo, el escucharnos a nosotros mismos.

Para caminar en la vida, necesitamos una brújula, un faro por el que guiarnos y lo encontramos, en la escucha.

Una de mis frases favoritas es, "escucha a tu corazón", porque ahí reside la verdad, la respuesta que estamos buscando. No podemos oír cómo suena, cómo late si desconocemos con qué vibramos, qué nos hace felices, qué nos gusta o nos entristece. Parar un instante a escucharnos, es la mejor inversión que podemos hacer para saber quiénes somos.

Por supuesto, es aplicable a todos los aspectos de la vida y de la muerte. O mejor aún, cómo afrontamos y vivimos, la vida y la muerte. La pérdida de un ser querido es dura, difícil. Al principio podemos estar en estado de shock hasta que poco a poco vamos asumiendo e intregrando la ausencia. Y entonces comienza la montaña rusa, las contradicciones. Lo mismo podemos estar tristes, cansados, angustiados, dolidos, enfadados con los que se han ido, con nosotros mismos, sentimos la ausencia y hay dolor. Si en un momento reímos, salimos y nos divertimos parece que estamos siendo irrespetuosos, entra la culpa y el remordimiento; y de nuevo, volvemos a la montaña rusa de las emociones.

Si nos sentimos tristes y tenemos ganas de llorar, lloremos. Si queremos gritar, gritemos. Si queremos reír, y después llorar, hagámoslo. Lo mejor es fluir, dejarnos llevar; exteriorizar nuestro dolor, sacar nuestra rabia, e incluso permitirnos el poder decir, ahora descanso, sin remordimientos. No somos culpables por sentir emociones, ni por estar vivos.

Tras una muerte, muchas veces pensamos que podíamos haber dado más, haber dicho "te quiero" muchas más veces. Se nos olvida que lo que hicimos o dijimos en ese instante, era lo que salía de nuestro corazón; era amor e hicimos lo que creíamos que era lo mejor y correcto.

Esos sentimientos de culpa tienden a generar más angustia y dolor uniéndose a los que ya tenemos. Cuesta frenar la mente. Estoy segura que cuando atendíamos o estábamos con nuestros seres queridos, les acompañamos y les transmitimos el amor que sentíamos hacia ellos. Eso se nota, aunque no lo digamos. Estar en silencio a su lado, también es amor. Cogerle la mano a un enfermo o moribundo, es amor. Decirle que le queremos es amor. Ayudarle a que esté cómodo y en paz, es amor. Aunque en el momento en que lo estemos haciendo, a veces nos resulte incómodo, estemos cansados o tengamos un mal día, seguimos dando amor.

Siempre se van a quedar en el tintero tantas cosas que no dijimos, tantas cosas que no hicimos, tantos planes que se han desbaratado. Es inevitable. No podemos culparnos por una palabra o sentimiento no dicho en un instante; y hacer de ello, el freno para seguir avanzando.

La muerte trastoca, nos obliga a cambiar, a vivir de otra manera. Pero también posibilita que avancemos y crezcamos en el amor. Cada uno a su ritmo, a su paso. Si tenemos sentimientos contradictorios, los tenemos. Vamos a querernos, a amarnos, a escucharnos, a saber con qué vibramos, vamos a perdonarnos por lo que dijimos y por lo que callamos, por lo que fuimos y somos.

Y además, "tenemos un as en la manga", todo aquello que no pudimos decir a nuestros seres queridos, ya sea porque no estábamos con ellos, porque no hubo tiempo, porque fue una muerte repentina, etc.; se lo podemos decir ahora desde el corazón, desde al amor que sentimos por ellos. Nos escuchan, nos sienten. Queriéndonos, les honramos también a ellos. Comencemos a valorar el poder del corazón y del amor, siendo conscientes de nuestra esencia.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

domingo, 7 de abril de 2013

La historia de Esther y el mensaje de su padre fallecido

El amor no tiene límites, no conoce fronteras y la muerte no es una de ellas. El amor sigue presente a pesar de que estamos en distintos planos. Los seres que han fallecidos están lejos y a la vez, muy cerca de nosotros.

Echamos de menos a nuestros seres queridos fallecidos. Hicimos grandes planes junto a ellos, vivimos hermosas historias, planeamos vidas tranquilas y felices, llenas de proyectos estupendos que de repente desaparecen.

Nos sentimos perdidos, bloqueados, tristes, angustiados, decepcionados; podemos sentir rabia, impotencia, y a veces, podemos sentir paz, a pesar del dolor. Vivimos sentimientos contradictorios; les queremos, les echamos de menos y a la vez, sabemos y queremos que estén en un lugar mejor.

Los que seguimos vivos, solemos pensar que los seres que han muerto, sienten y piensan de la misma manera que cuando vivían. En alguna ocasión, me he encontrado con personas que decían no reconocer a sus seres queridos cuando estos les pedían pasar página ante determinados hecho o situaciones.

En consulta, he vivido varios casos parecidos. Recuerdo el caso de Esther. Su padre había fallecido. Había decidido tomar su relevo en la cuestión familiar, y quería saber si su padre le daba alguna indicación sobre el camino que debía seguir. Se sentía sola. El origen del problema, una herencia mal repartida, que había provocado que las relaciones entre los hermanos fueran muy malas. Y con el paso del tiempo, las posturas en vez de acercarse, eran más lejanas y negativas.

Esther estaba indignada porque unas tías suyas, hermanas de su padre, habían actuado en su contra una vez más. Estaba muy dolida y sabía que su padre le entendería. Su sorpresa fue enorme al escuchar el mensaje de su padre, le dijo que el asunto ya no tenía importancia para él. Esther estaba indignada, no se lo podía creer, su padre en vida, había mantenido una actitud firme con respecto a sus hermanas. El no era así. Nunca hubiera tirado la toalla.

El padre de Esther, viendo que ella no entendía la situación, se dirigió una vez más a ella y le explicó que al morir, se había dado cuenta de que durante su vida, la rabia que había sentido hacia su familia, le había impedido ser feliz, hacer aquello que quería de verdad. Había confundido sus prioridades, olvidándose de sus necesidades. No quería que le pasara lo mismo a ella.

Esther, respondió a su padre, que él mismo le había dicho muchas veces, que era importante mantener la misma postura ante su familia. Ella, que pensaba que su padre estaba orgulloso de ella, se había encontrado que le pedía que lo abandonara todo, que lo dejara, que no merecía la pena; que debía buscar su felicidad y que si no lo hacía acabaría siendo un amargado como él. Quería lo mejor para ella, le estaba indicando qué camino debía tomar, cómo debía vivir su vida. Esther no lo comprendía, su padre no podía haber cambiado tanto. Era imposible.

Esther estaba confundida, dolida, se sentía olvidada y abandonada. Indudablemente, tuvo que ser muy duro de asumir y aceptar que la lucha de una vida, los objetivos de todos los días, quedaban relegados, así sin más. Su padre le había dicho que debía vivir la vida de otra manera, buscando su propia felicidad y olvidando a quienes les habían hecho daño.

Decidió que quién le hablaba no era su padre. Se marchó dolida. Al cabo de un tiempo, volvió a ponerse en contacto conmigo. Quería pedirme disculpas por su actitud y comportamiento. Comentó que se había sentido decepcionada tras su consulta conmigo pero que al poco tiempo, había empezado a tener unos sueños muy especiales con su padre.

Esther sintió que su padre le hablaba y le marcaba de nuevo el camino. Le había costado comprender que áquel ser que transmitía paz y amor, y que no hablaba de las jugarretas que le habían hecho los demás, era su padre. Por fin, había entendido los mensajes que le había dado. Al mismo tiempo, empezó a entender la transformación de su padre tras su muerte.

Los seres queridos al morir, tienen un mayor nivel de conciencia que nosotros. Su perspectiva cambia, se transforma, hay más amor. Los sentimientos como la rabia, el odio, el dolor, la incomprensión, tienden a remitir hasta quedar en nada; o mejor dicho, en amor, en comprensión y apoyo.

El amor llega hasta los rincones más oscuros del alma, del corazón y la mente, llenándolos de luz, de claridad. Si permitimos que nos llene, seguro que encontraremos que parte o muchos de nuestros miedos desaparecen; y sobre todo, empezaremos a escucharnos a nosotros mismos, dando comienzo a una nueva etapa en nuestra vida. 


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

lunes, 25 de marzo de 2013

Señales y comunicación con nuestros seres queridos ya fallecidos

Comunicarnos con nuestros seres queridos es relativamente sencillo. En teoría, todos podemos tener acceso a poder establecer una comunicación con ellos. Entonces, ¿por qué no les vemos o escuchamos con claridad y entendemos lo que nos quieren decir?

Se debe a varios factores. Todos somos canales; cuánto más abiertos y preparados estemos, mejor sintonizaremos con ellos. Para ello, podemos trabajar con varias herramientas como la meditación, la visualización, aprender a canalizar, la relajación, otras técnicas, etc.

Podría ser algo parecido a saber dibujar. Todos dibujamos, mejor o peor. Para unos es un don natural; otros iremos a aprender técnicas para mejorar. Con la práctica mejoraremos, llegando a un nivel distinto, cada uno el suyo. Pero por mucho ejercicio que hagamos, y mucha técnica que tengamos, sólo algunos llegarán a ser un Picasso, Velázquez, etc.

Para comunicarnos con nuestros seres queridos, aunque parezca tonto lo que voy a decir, lo primero, es querer tener contacto. Estar abiertos a ello, no sólo con la mente, con el pensamiento, sino con el corazón. No me refiero a desearlo, sino a estar abiertos a fluir, a percibir, a sentir, a captar emociones, sentimientos, sin que la lógica sea un obstáculo insalvable. A veces, querer no siempre es poder. Primero está la emoción y después la mente. Ambas son necesarias. Con la emoción, sentiremos certezas que luego analizaremos con la lógica.

Debemos recordar que por mucho que queramos y estemos abiertos a tener un contacto, va a depender de ellos, de nuestros seres queridos el que se establezca dicha comunicación. Es decir, si ellos no quieren contarnos nada, por mucho que estemos atentos, no recibiremos ningún mensaje. Muchas veces, creemos que tienen algo que decirnos, pero al pasar al otro plano, lo que en vida parecía ser prioritario o importante, cambia de valor.

Damos por hecho que al morir no cambia nuestra manera de pensar y de sentir, y que lo que era importante en vida lo seguirá siendo en la muerte. Y no es así. Eso no significa que nuestros seres queridos, dejen de querernos o de estar a nuestro lado, pero lo hacen de una manera distinta a lo que queremos o pensamos.

En muchas ocasiones estando en consulta, he visto a familiares pedir consejo a un ser querido sobre un tema concreto, por ejemplo, saber qué tenían que hacer con respecto a una persona o una situación. Las respuestas han sido variadas, desde "no me interesa este tema; estoy cansado; ya es hora de que te enfrentes a ello; se tú mismo y decide lo mejor; estoy a tu lado, tomes la decisión que tomes; abre tu corazón; etc"

Veo la cara de extrañeza cuando dicen, mi padre, mi madre no era así, le importaba mucho este tema y necesito saber qué debo hacer. Seguro que era así, pero ahora ven la vida de otra manera; su conocimiento es distinto y sus valores son otros, dan importancia a otras cuestiones. Y, solemos olvidarlo. Al morir nuestro nivel de conciencia suele ampliarse, y la visión de las circunstancias cambia.

Debemos permanecer abiertos a ver las señales, porque pueden aparecer de maneras distintas, desde un sueño, una frase, un mensaje, una flor, una melodía, un susurro, una caricia, alguien que nos comunique un mensaje de ellos. Todo es válido. 

La pena, el dolor, y muchas veces, las propias ganas de comunicarnos con ellos, impiden que veamos con claridad las señales. Tampoco debemos olvidar, que los mensajes pueden ser muy sencillos, desde "estoy bien, te quiero; estoy orgulloso de ti; te apoyo en tus decisiones; sigue adelante; disfruta y ríete más", etc.

Muchos de los mensajes que se suelen recibir antes o después de fallecer, "estoy bien; he venido a decirte adiós; no te olvido; te quiero; sigo a tu lado", etc. Otras veces, comunican algo que quieren que hagamos por ellos, cumplir una promesa, etc.; que tengamos un objeto que les pertenecía, por ejemplo, una joya, una fotografía, un recuerdo, etc.

Una vez que comunican lo que desean, no suele haber más contactos sobre el mismo tema, ya que consideran que han transmitido su mensaje y lo hemos entendido. Esto no significa que no podamos preguntarles cuestiones que nos preocupan, hacerles partícipes de cómo es nuestra vida, qué decisiones tomamos, pedirles ayuda o consejo. Si ellos consideran que debemos saberlo, harán llegar su mensaje hasta que lo comprendamos.

La mejor manera de poder comunicarse con ellos es desde el corazón, desde el amor y esperar su respuesta, sabiendo en todo momento, que es posible que no recibamos la contestación que queremos; y, si la que necesitamos.

Si vemos que no obtenemos respuestas o tenemos dudas sobre ellas, siempre podemos acudir a un especialista, un médium o un canalizador, que nos de confianza, para que nos ayude a entender la información que hemos recibido o a poder comunicarnos con ellos.


La imagen es de un mandala mío.

viernes, 15 de marzo de 2013

Vida después de la vida, de Raymond Moody

Hay libros que son básicos dentro de toda temática, y hay autores que son referencia en ellos. En este caso, vamos a unir dos en uno; un nombre, Raymond Moody; y un libro, Vida después de la vida.

Debo reconocer que hasta hace muy poquito tiempo, menos de un mes, no había leído ninguno de sus libros. Siempre los he tenido a mano pero por un motivo u otro, lo he ido postergando hasta que por fin, hace dos semanas, he hecho los deberes y he devorado dos de sus libros. 

Raymond Moody es filósofo, psiquiatra y escritor. Sobre todo, es un nombre que ha marcado un antes y un después a la hora de hablar y estudiar el mundo de la muerte y todo lo que le rodea, especialmente, la experiencias cercanas a la muerte o ECM, las regresiones, vidas pasadas, etc. 

Su punto de vista es la de médico y científico, sin olvidarnos de su faceta más humanista. Sus libros son fáciles de entender y comprender. Están llenos de ejemplos y testimonios de personas que han contado lo que han vivido cuando estaban clínicamente muertos y también habla en primera persona de sus propias experiencias. Moody ayuda a que pensemos y reflexionemos desde varios enfoques, inclusive en algún libro, interactuando con nosotros, a través de varias visualizaciones e invitándonos a experimentar nosotros mismos, consiguiendo de este modo, que tengamos nuestras propias ideas, cuestiones, interrogantes o conclusiones.   

Vida después de la vida, es uno de sus libros más conocidos. En el se habla de la muerte, de qué es la muerte, desde el punto de vista de las distintas religiones y culturas; y a la vez, presenta numerosos testimonios de personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte. En él, encontraremos descripciones del paso por el túnel de luz, del encuentro con seres queridos que habían fallecido con anterioridad, verse fuera del cuerpo, el encuentro con seres de luz, el oír y escuchar lo que sucede mientras estamos fuera del cuerpo, etc. Así como, qué ha supuesto esta experiencia a las personas que pasado por esta vivencia y cómo lo viven e integran en su día a día.

Es un libro que se lee muy fácil, de un tirón. Es claro y sencillo. Está escrito con cariño, de una manera objetiva e intentando acercarse a este mundo desde todos los puntos de vista posibles.

Me parece muy aconsejable para tener unas nociones claras sobre la muerte, el tránsito y de las experiencias cercanas a la muerte. Y un tema a tener en cuenta, son muy fáciles de encontrar.

Otro día hablaré de su libro, Regresiones.


La imagen es de la portada del libro. La he encontrado en internet y desconozco quién es su autor.