domingo, 27 de diciembre de 2015

Su vuelo corto, de Eugenia Díaz Mares

Quiero hablaros del libro, Su vuelo corto, que ha escrito Eugenia Díaz Mares, Atlántida para muchos y Eugenia para otros, autora del blog de poesía Azulgenia

Erika la hija menor de Eugenia murió cuando tenía 25 años. En el libro su autora va desgranando todo el proceso de la muerte de su hija, la enfermedad, la medicación que "no llega" y desaparece en el hospital, la lucha de Erika y de su familia, el afrontar toda la dolorosa experiencia de su enfermedad, el vivir el proceso de su muerte...

Cuando llega la muerte tras haber vivido una vida plena y larga, aunque duele, asumimos que es lo normal. Sin embargo, cuando muerte un hijo, se rompen los esquemas, la incomprensión es enorme. Cuesta asumir que un ser que apenas ha vivido, se marche tan pronto, cuando tiene todo un futuro por delante.

El dolor, la ausencia, el vacío que se produce puede ser devastador y asumir este tipo de muertes tan prematuras es un proceso realmente complicado y delicado. Generalmente, requiere un tiempo más largo de duelo.

Eugenia relata todo lo vivido, el mensaje y la enseñanza que les dejó Erika antes y después de su muerte. Cuenta cómo son sus señales, cuándo han aparecido y de qué manera se ha comunicado con ellos.

Es un libro muy fácil de leer, lleno de sentimientos y emoción. Aún conociendo la historia de Erika y de su muerte, en algún pasaje del libro se me encogió el corazón y se me escaparon las lágrimas. Está escrito con y desde el amor, y se transmite en cada línea.

Si os apetece leerlo, podéis poneros en contacto con Eugenia, le encontraréis en Azulgenia

Mi experiencia con el libro ha sido curiosa. Ha estado conmigo todos los días de verano. Me acompañaba dentro del bolso. Siempre estaba a mano, he leído casi todo el libro oliendo a salitre, sentada delante del mar, mecida por el sonido de las olas.

El viento, las mariposas, las libélulas también han sido mis compañeros mientras leía el libro. Ellas me han hecho recordar y pensar en Erika, y en su manera de comunicarse con sus seres queridos.

Su vuelo corto, espero que tenga un vuelo muy largo y  que deje huella en quién lo lea.

Si me permitís, aprovecho esta entrada para desearos Felices Fiestas, una feliz salida y entrada de año. Mis mejores deseos para todos vosotros.


La imagen es la portada del libro.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Conviviendo y afrontando el dolor

Me gusta describir a la vida como una montaña rusa, llena de curvas, atajos, vueltas hacia arriba y hacia abajo, subes, bajas, vas rápido, lento y con pequeñas pausas antes de que llegue una nueva sorpresa.

Si, la vida, desde que nacemos está llena de sorpresas, pruebas, elecciones, decisiones, experiencias agradables, momentos de felicidad, pérdidas, nuevos comienzos... ¿Os suena?

No necesitamos que nadie nos enseñe a disfrutar, a vivir la felicidad. Reconocemos con facilidad aquello que nos hace sentir de maravilla, que nos estimula, que nos hace alcanzar momentos de paz y calma, que hace que vibremos con intensidad y amor.

Pero, ¿cómo afrontamos el dolor? Es una pregunta que soléis hacerme, especialmente cuando pasáis por situaciones tan duras como es la pérdida de un ser querido.

Diréis que cada uno a su manera y como puede. Intentamos sobrellevar el dolor, a vivir con él como si fuera nuestra sombra. A veces desaparece y cuando menos lo esperamos, acecha de nuevo y se acerca sigiloso hasta tocar el corazón.

El dolor tiende a quedarse con nosotros, vive agazapado y cuando ve la oportunidad, se muestra con fuerza. Tenemos que aprender a convivir con él, a aceptarlo, a amarlo, pues forma parte de nosotros. 

No tenemos opción, no podemos cambiar el pasado, ni lo que ocurrió en él. Sin embargo, podemos modificar nuestra actitud ante lo que no nos gusta o hace daño. Está en nuestras manos, el elegir cómo queremos vivir. Para ello, es importante, mirar hacia dentro con coraje y valentía. Encontrar cuál es la causa subyacente al dolor. porque éste no viene sólo, están la rabia, la ira, el sufrimiento, la falta de entendimiento y comunicación, el apego, el no poder ver cumplidas nuestras expectativas de futuro, ver nuestros sueños rotos....

El dolor ante una pérdida no siempre es igual, ni se vive con la misma intensidad, ni deja la misma herida. Por supuesto, eso incluye a las personas más cercanas y familiares. Si somos comunicativos, podremos expresar con más facilidad nuestros sentimientos. Si somos más callados, es posible que vivamos el dolor de manera silenciosa y profunda.

El poder hablar del dolor con otras personas que han pasado o estén viviendo lo misma situación que nosotros, puede ayudarnos a entender los procesos que estamos experimentando. Puede servirnos de apoyo y guía. 

Quién decida vivirlo en silencio, posiblemente le cueste un mayor esfuerzo el poder integrar lo ocurrido. Especialmente a las personas que el dolor hace que se aislen, que se alejen, Necesitan de ese espacio, de ese silencio, y recogimiento para poder asumir lo sucedido.

¿Se puede medir la intensidad del dolor? No. Cada uno lo expresamos, de acuerdo a cómo somos, a cómo sentimos, a cómo vivimos. 

Quién sienta que necesita expresarlo, adelante, que lo haga. Quién quiera o necesite aislarse, que lo haga. El tiempo ayuda a ir aceptando lo que ha pasado. No significa que el dolor desaparezca. Suele pasar de ser un acompañante muy posesivo a ser un compañero de aventuras.

Si el dolor persiste de manera paralizante o nos bloquea con mucha intensidad y a lo largo de un tiempo muy largo, sería aconsejable solicitar ayuda profesional. 

Todos los días nos acordamos de nuestros seres queridos que han fallecido, Están presentes en nuestra vida. En fechas señaladas, como son las Navidades, cumpleaños, aniversarios, en algunas personas, el dolor puede reavivarse, regresando con más fuerza que otros días. Es normal. Si se puede, os animo a no esconder lo que sentimos y a compartirlo con otros familiares o seres cercanos, Descubriremos que no estamos sólos y es muy posible, que de las lágrimas o el corazón encogido, pasemos a la risa, al abrazo, y al recuerdo positivo de nuestros seres queridos. Ellos no desean nuestro sufrimiento, quieren ser recordados con alegría, risas y amor.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.